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Mostrando las entradas etiquetadas como poemas

EL ROJO NO ES SOLO UN COLOR

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  En ella no es su belleza -si la tuviera- lo que le hace distinta, tampoco su forma de vestir o su pelo cada día más pobre, ni sus arrugas ya indiscretas en las palmas de las manos o en los pliegues del cuello, siempre alejado de los hombros, siempre despejado, siempre libre. En ella, el rojo es su táctica para ser feliz. Juega con las letras, y con las energías de los minerales, a los que escucha como si le cantasen coplas. Ahora ha encontrado otra parte de ella en el libro que sujeta con seguridad y agradecimiento. Ahora que el tiempo le permite conversar con las ideas descubre que no es tan malo hacerse mayor, que envejecer rica en inquietudes y pobre en tiempo, tiene enmienda. En ella, lo que le diferencia del resto es el respeto por la belleza, la seguridad del trabajo bien hecho, la capacidad de lucha consigo misma, por equilibrar el SI con el NO. En ella el rojo es su salvación.    
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De entre todas las personas que llevan una flor en el pecho fuiste elegido tú; por las huellas que dejas al pisar, huellas intermitentes que acarician sonrisas a medias y por la luz generosa que desprende tu aura y por tus besos, sí, por tus besos cómplices cualquier día de la semana, a cualquier hora del día, a cualquier segundo de una hora; porque tienes un corazón hecho de lágrimas y rejuvenece con cada llanto. De tanto que te quiero se me olvida quererme, aunque sea por debajo del pelo o de las arrugas, quererme en silencio o a gritos se me olvida, sí. Es por tanto que te quiero por lo que ya no me quiero yo.  

AMIGA POESÍA

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  Perdona si no se escribir los versos correctos, si las metáforas no se adaptan a tu piel o si la anáfora convierte el papel, en papel manchado o papel mojado. Disculpa amiga si lo que grabo con tinta daña tus escápulas mi intención es cubrir los renglones vacíos con un verso libre, libre por sí solo, libre como yo misma. Mi mano avanza con pies de plomo las palabras brotan frágiles, calladas, intermitentes, siento que no sean las apropiadas y si lo son, me alegro. Son las que son, las que nacen y crecen sin censura, son las que se arriman a mi almohada cuando duermo o las que florecen mientras Hacienda descuelga el teléfono. Son las que forman parte de ti y de mí. En ocasiones hay que tratarlas con esmero o incluso ponerlas cadenas, según se vea. Ellas necesitan un lugar para ser felices, como yo, y tú amiga, sabes mucho de eso. En ti he puesto todas mis ganas, y como dice la canción: «Aunque tú no lo sepas me he acostado en...

Como un algodón de azúcar

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Te regalo un instante, un momento de mi tiempo   y del tuyo, un inciso en el día a día, un algodón de azúcar a tanta prisa cotidiana. Me bastan unos versos para decirte que mis músculos huérfanos gritan tu ausencia, con una desgana infinita se acomodan en una postura que no mola y te echan de menos. Es posible que los hoyuelos de tus mejillas se dibujen en las mancuernas de cinco kilos y por eso sean mis favoritas. Tal vez   el sonido de   “Sail“ te llegue   lejano y te recuerde el trabajo bien hecho a mí me arruga el estómago durante cuatro minutos. Ahora, sigo entrenando y continúo   buscando tu sonrisa en el vaho del espejo pero se ha esfumado entre las luces tristes del mediodía.

Tierras llanas de Castilla

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En un trayecto de ida y vuelta, con los cinco sentidos más el que me enseñó a llorar, entretengo mis pies dormidos por  las tierras llanas de Castilla. La manzanilla reseca por un Agosto raro endulza mis labios encendidos y  el pan blanco de Tahona quema mi lengua ansiosa, aún así, envuelvo con su miga deshecha una pieza de la matanza de otros años reconociendo el orégano entre la textura del gorrino muerto. Salgo  de casa con los huesos calientes, cojo la linde al molino de agua, no me llega el aroma de un otoño anterior, no percibo el calor a encina chamuscada, ni a pelo de perro chorreado, una tras otra cabalgan gotas saladas por mi nariz de Cyrano y guardo en la entretela del gabán de las inclemencias las manos que me dan de comer. No me corea vida animal como en verano, las aves buscan el recuerdo de otras estaciones y desaparecen. Voy acompañada de las hojas doradas esparcidas por  la vereda de lo que fue un rí...

España ya no calza zapatos dorados

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En un momento de disciplina relajo las escápulas y me hago ceniza blanca, muevo la cabeza hacia la izquierda abro los ojos y no hay luz clara, la derecha me espera vacía, embustera, impropia. Llevo la barbilla hacia mi pecho me miro los pies desnudos, basura entre los dedos. Me agacho, sonrío, huelo a ladrón indemne, a podrido, a restos de jamón añejo. No hay rincón libre para el mejor ya ocupan los huecos los que saben y es que son muchos los que quieren y no pueden y más los que tienen y roban. Estamos de enhorabuena con la brújula rota, los dientes afilados y el estómago lleno, por si acaso, visitaremos  las urnas buscando una necesidad  que no llega. Mientras,  hasta mis huesos huelen la crisis negra del hoy. Vuelan  los números gordos, se despegan las moscas de la miel, acarician el acero frío de la cárcel los más débiles y no los peores. No, España ya no calza zapatos dorados. En un momento de reflexi...

Corazón de Atenea

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Y ahí tengo mis huesos, dormidos junto a tus recuerdos, bronceadas mis curvas, con la mirada cubierta por historias imperfectas. La Diosa Atenea me desnuda cada día y me hace dueña del templo dorado. Mi rostro intermitente entre el sol  y el mar ahora compuesto de sombras blancas, graban amapolas en tu corazón. No quiero ser causa de una incógnita de tu pasado ni quiero ser problema de un futuro loco, el control de todos mis actos y mis refugios los llevo entrelazados con cuerdas de seda. Si sonrío a Eros tus uñas me acarician la espalda y si es a Baco me retiras el acorde. Aquí,  cubierta de brisa salada, vivo serena entre el aleteo de los Albatros y los mensajes en las botellas,  tú  mientras, buscas la huella en la arena aquella que dejo la estrellita de mar.

La niña que llevas dentro

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Y te das cuenta de que te duele una parte de ti que no es tuya, que el tiempo pasado ya no se recupera y es una putada, que te llamas tonta porque lo eres y te sienta como un guante. La decepción te ha dejado un sabor como a vino picado y  que te den por el culo no te gusta nada. Puedes escribir los versos más tristes esta noche pero no, eso  se lo dejas  a Neruda a ti no te queda bien, prefieres ensuciar un papel con lágrimas  encendidas y tatuar corazones simpáticos. Intentas buscar sus ojos en los tuyos y  al revés, rozar tu espalda con su espalda y viceversa pero te escondes en una jaula de metal pesado y salir te asusta. Prometes volver a ser niña, lanzar gotas de esperanza  en la oscuridad, enterrar bajo una capa de cieno el dolor adulto y volver a sonreír.

Veinte segundos y una canción

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Alguien sabio e impreciso me contó una vez, tal vez dos o quizá lo soñé, que las mariposas vuelan al compás de un tango argentino y que la mentira más grande viaja dentro de un baúl de historias inapropiadas. Sin la inteligencia de otros pero algo más astuta que muchos, puedo decir con una copa de más y alguna otra de menos que quiero creer que solo eres brisa fresca, que lo que acaricia mi bello erizado es tu melodía y no el roce de tu pelo cuando me besas, que son tus ojos y no los míos los que derraman versos frágiles, que es tu boca y también la mía la que quiere un encuentro fácil y que mis cinco sentidos más el que escondo bajo la  almohada rezan a cualquier Santo despierto para escuchar los acordes del viento mientras me balanceo por la cubierta del Titanic. Y así, en veinte segundos y una canción busco por los huecos libres de culpa sin que se juzgue mis roces con la vida.

Burbujas de colores para un corazón herido

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Y decir adiós con las manos vacías y los nudillos sangrando con tu sexo destilando aún fragancias  frescas y con la exigencia de un encuentro que no llegará. Y despacio desapareces, sin darte cuenta, dejando burbujas de colores entre mis piernas y lágrimas invisibles temblando en mi boca. Creía conocer todo de ti hasta la huella que dejabas en mi piel cuando todavía no estabas conmigo. No te culpo por quererme, ni me culpes porque yo te quiera más, no te acuerdes del reloj que pausó aquellos besos exquisitos, ni te asomes a los instantes que duelen camina con las manos en los bolsillos y solo siénteme. No te preocupes por mí estaré bien, coleccionando imágenes imposibles en mi memoria y llenando de besos chiquitos a mi corazón herido. Quiero que sepas que no se me da bien llorar y por eso solo lo hago  hacia dentro sin que se note, sin que se vea dibujando mares de agua pura en un oasis dormido. Entretanto esperar...

Libre para querer a los delfines

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Te quieres y mira que no lo digo yo. Somos cómplices de usar la palabra bajo el agua, el verso escrito dice un tanto de ti y otro tanto de aquel, los adjetivos rechazan  la violencia que existe sobre tu mirada ennegrecida y las metáforas no sirven  para curar acosos sostenidos. Ahora en un lenguaje real te digo que no te quiero, tus sentimientos fabrican inestabilidad poética y en  un descuido me tocas, pones una mano encima de mi vulnerabilidad y lo que cuelga entre tus piernas intenta seducir los sinónimos de mi prosa. Pero te falta un nombre propio una jarra de conocimiento bien fría para entender que soy libre para querer a los delfines. Claro que te quieres y por eso, yo a ti no.

El miedo escrito con pluma blanca

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Foto de Rosa  ¿A dónde me conducen esas letras, que a fuego se me graban en la lengua,  y en cenizas convierte las palabras antes de que el alma agarre al viento y hable?   Ni a ti,  ni a mí, nos gusta encender la llama ahora mojada en vino tinto o sabia tibia de algún lirio morado. Ni a ti, ni a mí, nos gusta el vacío de una distancia entretenida. No temo  escupir caricias blandas los blandos son los demás, tú y yo convertimos el azúcar en flan de huevo. Sueño con tus patas de araña sobre mis senos tejiendo telarañas que aten a los muertos, cuando corran los fantasmas bailaremos en el pétalo sedoso de una azucena       y nos asomaremos al precipicio.                                     Media caricia agita...

Soy la muñeca que baila sin público

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  Primavera, Otoño e Invierno.   ¡Estúpido verano de largas noches que pesan y pasan despacio!   Qué pequeña me siento arrugada en mi barquito de papel, si pudiera dejaría en tres las cuatro estaciones de Vivaldi la que me sobra, la regalo. Necesito   volver a las calles del invierno, a las esquina traviesas, al aquí y ahora   y que el resto… el resto   muera de envidia. Noto que soy   la muñeca que baila al ritmo de cualquier melodía sin letra y sin más público que unas malas perlas. Quiero que tu   saliva fina confite mis labios con tus besos mientras escucho tu corazón a través del mío. Mi piel camina al compás que marcan tus dedos. Deseo que   tu aliento sincero se pose sobre mi cuello al tiempo que tu pecho le dice piropos obscenos a mi espalda. Está llegando el momento de parar en seco y alimentarme del recuerdo, pero esperaré vacía sin que la distancia   me muerda sin que me...

Mi otro yo

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    Fría   y nada transparente dice, quien no me conoce, que soy, que ofrezco el rocío en dosis altas y   poseo un iceberg como órgano vital. Dicen algunas bocas molestas que no sé lo que es amar y que el amor duele,   tal vez   lleven razón pero eso lo sé yo y mi otro yo cuando está conmigo. Es ahora cuando   aquellas lenguas tristes deberían empañar la mirada a través de los cristales rojos del deseo y aunque se entrometan en mi cielo oscuro y   naveguen por mis circunstancias buscando fragancias disipadas en el tiempo, no encontrarán errores escondidos en cajitas de porcelana invisible. Y   para aquellos picos poco agraciados grito sin voz pero bien alto que no siento dolor porque amo,   que soy en porciones muy elevadas el final de cualquier capítulo sin comienzo, pero eso lo sé yo y mi otro   yo cuando está conmigo.  

I feel like dying if I dont't have you

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Comenzaré diciendo que cerré con un pespunte doble el motor de mis actos y de nada sirvió. Con los nudillos apretados y una maleta repleta de asuntos pendientes vagabundeé por   oasis llenos de colores mates y me perdí. Paseando por el laberinto de la serenidad dibujé rostros conocidos escondiendo recuerdos, ahora, inexistentes en mi memoria, pero a través de los pasos mal consentidos apareciste tú. Sin darme cuenta habías deshecho la   puntada de doble hilo y la abertura por la que respiraba mi ansia cada vez   más amplia,   cada vez más profunda, pedía, a voces, besos infinitos y caricias atrevidas que no cesaban despertando un deseo indestructible. Miro atrás y no recuerdo en qué momento   te empecé a querer, ni tampoco cuando empecé a negarme   a no quererte más. Si vuelvo la mirada al frente seguiré caminando en cueros por donde el roce de tus dedos me guíen, buscaré encuentros anónimos...

Diez años después

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        Porque   aunque pase el tiempo aquellos que quedaron no volverán, aunque giren las sombras vacías y busquemos siluetas alargadas llorando cada día un poco y al siguiente un poco más aquellos que se fueron no volverán. Se ausentaron despacio dejando vidas inacabadas: el niño que jugaba a ser coronel la que fuera su madre o el que creyó ser su padre, el que apostó por ser un buen abuelo o la mejor de las mujeres por ser abuela, todos sin rumbo instruido para   no volver a empezar. Lágrimas, oraciones, alguna flor, alguna vela, alguna mentira, todo realidad. Melodías dosificadas en cápsulas de plástico, ilusiones transmutadas en voladuras de hierro, sentimientos dilatados esperando una razón, jugos adulterados que convierten la fruta fresca, pero, aquellos que se marcharon no volverán. Se sufre más si se recuerda menos, se sufre menos si no se olvida, diez años después   continúa   en nuestra memoria. ...

La nada extensa

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  Dicen las lenguas flojas, las malas y las buenas, las indiferentes y las que conozco, las ignorantes, las sueltas, las azules y las moradas, que eres hielo en horas de oficina y un cargo de conciencia el resto del tiempo. Hay quien cuenta que tu pulso se congeló al oír los tientos de la soledad, que los besos blandos sonríen al compás de tu memoria, que los encuentros no vividos aún, son manchas indelebles. Y de pronto un claro a lo lejos, un punto difuminado en medio de la nada extensa le conoces, y así comenzó todo.       

Siento

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  He vuelto a sentirlo y siento como se afianza, igual que una gota de aire luchando por no caerse, como una página vacía jugando a ser la primera o como los renglones inclinados de un libro que no se vende. Un beso limpio de intención mueve las manecillas de un reloj muerto, una caricia sincera recoge las ausencias del vivir deprisa. Ahora he vuelto a sentirlo y siento como se relaja, igual que la tierra que llega después de un mala faena, como el niño que ve la luz tras largos momentos de inexistencia o como las flores alegres saludan al crepúsculo ahuyentando a los rayos del sol. Y lo sigo sintiendo y siento como se intensifica, igual que una necesidad de olvidar sin hacerlo, como un volcán a punto de derramar su ira, o como el ascua que se arrima y prende un corazón apagado. El sexo sin prisas calma las ansias insatisfechas, palabras susurradas en un buen momento modifican la trayectoria de lo que pudo ser. Pero ...

Un minuto

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  Sin pausa atravesamos corredores mi nariz sobrelleva la sobaquera de otros el aliento de por la mañana de unos convierte mi sonrisa en algo peor. Los colores fuertes del arco iris disfrazan el alma del viajero. No hay rutas fáciles ni trayectos cortos la mañana pinta azul   y la tarde, la tarde no pinta nada. Observamos pero no vemos. Cabezas apuntando a un mismo objetivo fundas metálicas cubriendo el motor de la escucha. Culos poco trabajados descansan sobre asientos plastificados de años. El que ronca no ve el que ve, hace que ronca y el viejo, el viejo se queda de pie. Al roce de su piel febril vuelvo la mirada nerviosa y la encuentro, deficiencia o trastorno tal vez mujer, tal vez niña enferma, tal vez mañana, tal vez hoy. Un minuto separa una vida de otra tal vez mejor. Intermitencias naranjas dañan las pupilas sonidos huecos de alguna sirena poco agraciada alumbran el fin de un camino que busco y no encuent...