Ayer me acosté tarde, no sé que hora era, pero serían las tres de la mañana... y no me podía dormir. Algunas veces no me duermo debido al cansancio, otras por mis dolores de cabeza o porque estoy planchando o por leer o por hablar por el watsap pero ayer fue porque estaba feliz. Alguien muy grande, se presentó a un concurso, hizo esta interpretación de una de mis canciones preferidas, y me emocionó tanto, que me sentí bien. Creo que ha sido el primer día, desde hacía por lo menos veinte, que no he tenido pesadillas y he vuelto a soñar bonito. Gracias Sislena.
lunes, 13 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
Si tú supieras
Sí tú supieras
que con cada regalo que me ofreces
se modifica el contorno de la luna
y que con cada sello impreciso
que dejas en mi inquietante piel,
la sal del mar se convierte en champagne del caro.
Sí tú supieras
que cuando nos tenemos
la dimensión más pequeña fallece
y nace una esencia que no entiendo y que busco,
porque existe y la noto.
Sí tú supieras
que cuando tus ojos color de cielo en calma
descubren la luz de los míos
la tierra deja de serlo perdiendo su forma,
los peces beben gotas del arco iris
y las azucenas... las azucenas mueren.
Mientras cubres mi hueco
te toco el rostro,
quizá mío, quizá tarde, quizá... es siempre.
Ahora sé que el dolor no es dolor
si no lleva tu nombre escrito,
que en cada espacio interrumpido
entre nosotros y lo demás
viajan lágrimas que nunca ves
lágrimas escondidas,
furtivas, como lo nuestro.
lunes, 8 de abril de 2013
Juego de adolescentes
Tú, ladrona de pecados clandestinos
que conviertes la decencia en atrevimiento,
negocias el cómo y el cuándo,
incrementas años de experiencia
rozando la sabiduría.
Y tú, falso conocedor del sabor de la lujuria
vagabundo de tantos sueños,
en éste que nos es el tuyo, te quedas.
Juzgas sin hacerlo, a la pecaminosa
de ojos intranquilos.
Sientes que no debes,
pero debes y mucho...
Lamentas que se involucre
hasta lo más torpe
y temes que la impura
de labios confiados
infrinja tu actuación principal.
Juego de adolescentes incensurable.
Aun penitente, transiges y aceleras el interés,
conjugáis los cuerpos libidinosos
a un solo ritmo, despejado y nocivo,
el canto insensible de su pelaje
responde a la llamada de la toxicidad de su roce.
El grito del hombre triste
se escucha ya lejano
al probar la ponzoña de su piel,
olvida que le esperan
y se olvida.
Fuiste el primero de sus sueños cumplidos
pócima traviesa para el que la saborea.
Verso: Fuiste el primero de sus sueños cumplidos (Inma Chacón)
lunes, 11 de marzo de 2013
La luna está llena, el cristal vacío
Sentada en una silla de madera de pino, con las faldillas
de la mesa sobre las piernas y el calor del brasero acariciándole los tobillos
desnudos, Helena Santolaya limpiaba una
a una con sal fina las gemas que esa misma noche la luna llena impregnaría con
su gracia. Todos los meses antes de la fecha en que la luna alcanzaba su máximo
esplendor, la niña se preocupaba de que
todos sus minerales estuvieran preparados para captar los efluvios del
satélite. Una vez limpios, ordenados y clasificados por colores los disponía en
un recipiente que no fuera de plástico y
los dejaba en el poyete de la ventana hasta el día siguiente.
Su abuela Luisa, la observaba escondida tras la colcha de
patchwork que llevaba cosiendo desde hacía unos años y solo la importunaba para
llevarle la merienda.
-Anda hija, come un poco que te estás quedando en los
huesos.
-Gracias abuela, pero me ha dicho mi madre que antes de
merendar tengo que terminar mi trabajo.
-Anda, no digas bobadas y cómete el bocadillo, mira que
rico, ahora está calentito, no dejes que se enfríe que luego el pan se pone
correoso.
-Ahora voy, no te apures, me quedan dos cuarzos rosas y
una amatista.
Luisa, acarició la cola de caballo que Helena siempre
lucía cuando iba a manipular sus piedras, le dio un beso en la frente despejada
y siguió con su labor.
-Abuela, ¡qué rico está! ¿A mamá también le gustaban los
bocadillos?
-Claro hijita, mucho y las gachas, le gustaban mucho las
gachas.
-¿Qué son las gachas abuela?
-Un dulce muy rico, elaborado con harina, leche y azúcar.
¿Quieres probarlo?
-Sí, pero espera que voy a preguntar a mamá, a lo mejor
ella también quiere.
-¿Me has dicho que sí hija? Esta maldita sordera no me
deja escuchar todo lo que quisiera.
Han pasado casi nueve años desde que Helena Santolaya
llegó a este mundo, su madre cogió el
tren como cada día para llegar al trabajo. Acostumbraba a llevar consigo un
ágata, decía que protegía al bebé. Ese día, el día de su nacimiento decidí
acompañarla. Nos habíamos casado unos meses antes y siempre que podíamos nos
marchábamos juntos a nuestros
respectivos trabajos. Su mano era cálida y suave y el olor de su pelo
era una mezcla entre jazmines y tierra mojada.
Eran las 7:38 de la mañana y nuestro coche, el número cinco, explotaba
en la estación de Atocha el 11 de marzo de 2004. Ese fue el último recuerdo que
tengo, su olor, el mismo que se pasea con fuerza por cada rincón de la casa y
la piedra amarilla que me regaló cuando nos conocimos.
-Abuela, me ha dicho mamá que no quiere gachas que me está
esperando en la calle para comprarme una caja de madera para mis piedras.
Helena cogió el abrigo y sin esperar contestación de la
abuela se marchó. Cuando Luisa se percató de que la niña había salido de casa
se asomó a la ventana que daba a la calle principal. Curiosos, vecinos,
policías y personal del Samur se arremolinaban a lo largo y ancho de la calzada
sin dejar ver a la anciana lo que estaba
ocurriendo.
-Helena, Helena – gritó.
La abuela no obtuvo
respuesta, con el delantal y las zapatillas de estar por casa se apresuró en
busca de su nieta. Fue abriendo paso entre el gentío que se aglutinaba
alrededor de un cuerpo sin vida. Cuando por un hueco consiguió introducir la cabeza comprobó que la que yacía tumbada
poca arriba era su niña Helena, ahora su cola de caballo descansaba sobre una
charco de un rojo raro y muy cerca de su mano derecha reposaba un cristal de
cuarzo.
Hoy es el día más triste de toda mi vida.
domingo, 10 de marzo de 2013
El juego
Algunas veces
me convierto en pelusa
traviesa,
otras en voluta
transparente,
considero que soy parte de
ti
y del otro.
Pero en realidad soy el
tres de tres
o el dos del mismo tres
o quizá sea el uno del
tres anterior.
Por eso calculo mal, pero
calculo.
Intento despistar mis
brotes lujuriosos
pero me acechan
insistentes.
Estamos jugando y sé con
quien juego.
Abres tus puertas y entro,
sacudo las caricias que me
ofreces
y te guardas.
Me oculto ante la mirada intrusa,
celosa de la que en verdad
me mira.
Persigo el camino
equivocado
y revoloteo picoteando el
nido ajeno.
Me ofreces una pócima de gusto exquisito
que saboreo sin hacerlo
ante el examen discontinuo
de quien no ofrece anuencia.
Vayamos más allá en el
juego,
tú no eres tú y yo no soy
yo.
Nuestra memoria se borra
en minutos
y ya no me acuerdo que
acabo de besarte.
Cuando te veo te sonrío
porque te recuerdo, pero
no sé por qué.
Ni recuerdo que ya me
atrajiste antes hacia ti,
por eso vuelvo y vuelvo
sin conciencia
y lo seguiré haciendo
porque no recuerdo haber
quedado,
nunca, satisfecho, aunque,
en mi inconsciencia, se
que quiero
abrazar lo que veo sin que
dejes de girar.
Pedro Martínez y Silvia Morales.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
Hoy es el mejor día
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Hoy es el mejor día
Hoy es el mejor día para escribirte estas líneas, no podía ser ayer y
tampoco mañana. Tenía que ser hoy, porque hoy te extraño un poco más que de
costumbre. Me acomodo en mi sillón preferido, blandito, caliente, con mi manta
sobre los muslos, no se me queden fríos, el calor de mi perro en los pies aunque ya no esté y mi
cojín precioso sujetando mi espalda rota. Me llega el aroma de la colonia que
no llegaste a usar, de fondo la voz de camarón y sobre la mesa el libro que no
terminaste, la foto que no pudiste ver y en medio de todo esto, tú, resguardado
perfectamente en tu cajita de porcelana, tan frágil, tan recogido.
Quería regalarte el poema más bello,
con los versos más sinceros que puedan salir del corazón, que aunque ya no
llora a chorros, todavía se le saltan las lágrimas al recordarte, tal vez no te guste, porque tú no eres de
versos, ni de rimas, ni de palabras de amor, pero este es diferente, este quiere decirte, al oído, como un
susurro, todo lo que recuerdo bonito de ti y todo lo es, pero me quedo con el sonido de tus besos en mi mejilla, tu
olor tan bueno, tan tuyo, la manera de querernos a todos, tan especial, tan
intensa, tus lágrimas dulces en los buenos momentos y las saladas en los malos.
Añoro aquellos ratos compartiendo inquietudes, tardes de risas y juegos de
cartas y películas buenas, días de mucho comer y comer bien. Te quería escribir
el mejor poema, pero no se me da bien.
“Mañanas desordenadas,
de risas y juegos,
de música flamenca,
de
besos escondidos,
de goles del atléti
y plenos en la bolera,
secuencias con libros
y con paseos nocturnos.
No hubo olas en el mar.
ni pescado fresco en aguas cantábricas,
ni el regreso de los blancos al poder
ni España campeón en el mundial.
Un barco sin rumbo me hiciste
papel y tinta su material más pesado,
navega en aguas claritas
atracando cada día en mi corazón,
cuando zarpa
se lleva un saco de sueños,
y en ese sueño
mis ganas de volver a verte”
No me apetece que las lágrimas
emborronen el papel escrito, no puedo ni necesito seguir escribiendo, termino
con un hasta luego y un te quiero hermano.
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