Veinte segundos y una canción
Alguien sabio e impreciso me contó una vez, tal vez dos o quizá lo soñé, que las mariposas vuelan al compás de un tango argentino y que la mentira más grande viaja dentro de un baúl de historias inapropiadas. Sin la inteligencia de otros pero algo más astuta que muchos, puedo decir con una copa de más y alguna otra de menos que quiero creer que solo eres brisa fresca, que lo que acaricia mi bello erizado es tu melodía y no el roce de tu pelo cuando me besas, que son tus ojos y no los míos los que derraman versos frágiles, que es tu boca y también la mía la que quiere un encuentro fácil y que mis cinco sentidos más el que escondo bajo la almohada rezan a cualquier Santo despierto para escuchar los acordes del viento mientras me balanceo por la cubierta del Titanic. Y así, en veinte segundos y una canción busco por los huecos libres de culpa sin que se juzgue mis roces con la vida.