España ya no calza zapatos dorados
En un momento de disciplina relajo las escápulas y me hago ceniza blanca, muevo la cabeza hacia la izquierda abro los ojos y no hay luz clara, la derecha me espera vacía, embustera, impropia. Llevo la barbilla hacia mi pecho me miro los pies desnudos, basura entre los dedos. Me agacho, sonrío, huelo a ladrón indemne, a podrido, a restos de jamón añejo. No hay rincón libre para el mejor ya ocupan los huecos los que saben y es que son muchos los que quieren y no pueden y más los que tienen y roban. Estamos de enhorabuena con la brújula rota, los dientes afilados y el estómago lleno, por si acaso, visitaremos las urnas buscando una necesidad que no llega. Mientras, hasta mis huesos huelen la crisis negra del hoy. Vuelan los números gordos, se despegan las moscas de la miel, acarician el acero frío de la cárcel los más débiles y no los peores. No, España ya no calza zapatos dorados. En un momento de reflexi...