domingo, 30 de noviembre de 2014

Las coordenas narrativas: El tiempo





Nos hemos ocupado de la mirada y la voz del narrador, y de los personajes que deambulan por la ficción. Ahora le toca el turno a la construcción del país en que habitan todos ellos. Tiempo, lugar y acción son las coordenadas que dan consistencia a este país ficticio que cada escritor imagina, tejiendo una red de la que se “prende” la historia para existir.
El tiempo, tal vez sea el tema más complejo debido a la cantidad de vertientes que contiene y porque sobre él descansan algunas de las cuestiones narrativas más importantes, como la estructura y el ritmo del relato. De ahí que el señor tiempo haya sido materia continua de experimentación en la literatura y no solo materia, sino también tema: es el protagonista indiscutible de un sinfín de cuentos y novelas.
Se dice que la literatura, al igual que la música, es un arte que precisa de la sucesión del tiempo y del movimiento para su composición. Frente a otras artes, como la escultura y la pintura, que se consideran especiales, la literatura es tiempo.
El reloj de la literatura funciona de un modo distinto al nuestro. El tiempo en el que habitamos los seres humanos sigue un orden cronológico y medido. En el tiempo real, el nacimiento sucede antes que la muerte y una hora dura siempre sesenta minutos. En cambio, en la ficción podemos contar la muerte antes que el nacimiento. El tiempo de la literatura es elástico, flexible, poroso y nos ofrece libertades que el tiempo real no posee, aunque también se rige por leyes propias. 
 
Además del tiempo rígido que marca el calendario, al que llamaremos tiempo objetivo, también nos desenvolveremos dentro de otro tiempo, un cronómetro interno, psicológico, que depende de nuestro estado de ánimo y al que denominaremos tiempo subjetivo.
La intersección de estos dos tiempos nos da el cronómetro vital de los seres humanos el del Homo sapiens. No obstante, en la sociedad del Homo fictus también intervienen estos dos tiempos.
 
De los tres “jugadores” que participan en la literatura: el escritor, el narrador y el lector, sólo el segundo está dentro de ese tiempo de ficción. El escritor y el lector viven inmersos en la época que les ha tocado vivir y eso influye, tanto a la hora de escribir una obra como a la hora de leerla.
Llamaremos a ese tiempo exterior a la ficción, pero que influye de forma decisiva en ella, tiempo externo, un concepto muy valioso para nosotros como lectores, porque, incluso si nos enfrentamos a una narración fantástica, seremos capaces de seguir las huellas de la época en la que vivió el escritor.
 
El tiempo interno es el que circula dentro de la narración. Cada cuento o cada novela posee su propio tiempo, un tiempo protegido del exterior en su calidad de mundo inventado. Aprender a manejar este tiempo es dominar muchos de los secretos del ritmo, de la intriga y de la construcción argumental. En cualquier narración funcionan dos segmentos de tiempo:
 
El tiempo de la acción: orden y duración de los acontecimientos.
El tiempo de la narración: orden y duración de la narración.
El tiempo de la acción: es la duración real de la historia.
Ejemplo: Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, abarca un periodo de cien años en la vida de una familia los Buendía.
El tiempo de la acción sería entonces la línea temporal que recorre esos cien años en duración real y orden cronológico. Pero García Márquez, para contar esos cien años ha elegido secciones temporales, acontecimientos que explican la historia, y ha pasado por encima de los tiempos muertos omitiendo semanas meses e incluso años enteros.
Además, la historia no está contada de un modo ordenado, sino que el lector salta en el tiempo continuamente hacia delante y hacia atrás.
A esa selección de momentos y a esa forma de ordenar la historia es a lo que llamamos tiempo de la narración.
En cuanto al orden. El tiempo de la acción es lineal –los hechos ocurren en sucesión cronológica-, pero el tiempo de la narración puede variar ese orden: permite empezar una historia por el final y luego contar el principio, o empezar por la mitad, o ir dando saltos arbitrariamente hasta reconstruir la narración a los ojos del lector como quien compone un puzle.
En cuanto a la duración. El narrador tiene potestad sobre el tiempo de la narración para apresurarlo, ralentizando o hacerlo desaparecer.
Estos dos tipos de relaciones –de orden y duración- que se producen entre el tiempo de la narración marcan las reglas del juego respecto al tiempo de la ficción.
 
La máquina del tiempo funciona de la forma siguiente:
Las distorsiones que se producen entre los dos segmentos de tiempo se llaman anacronías.
La anacronía es la alteración del orden cronológico del tiempo de la acción con respecto al tiempo de la narración.
Si situamos al narrador en un eje temporal, puede desplazarse hacia atrás o hacia delante respecto a ese eje, al que llamaremos tiempo principal.
El narrador elige un tiempo principal y desde ahí viajan hacia el pasado o hacía el futuro de ese instante en el que narra, de tal forma que, dentro del texto, ese tiempo principal convive con otros tiempos secundarios. Esa diversidad de estratos o planos temporales aportan al relato profundidad  y riqueza narrativa y concede al escritor unas posibilidades de juego con las que no contaría si el narrador respetara un riguroso orden cronológico.

Las formas básicas de anacronía son la analepsis y las prolepsis.
Cuando el narrador relata un hecho situado en el pasado respecto al tiempo principal, ese retroceso se llama analepsis.

Cuando el salto se produce hacia delante, hacia el futuro, el término empleado es el de prolepsis.

El uso de las anacronías obedece a muy distintos objetivos.
Estos son las más importantes:
La caracterización de personajes: a veces debemos dar pistas sobre el pasado o el futuro del personaje para caracterizarlo de forma más completa.

El desarrollo de la intriga: dosificando la información y ocultando hechos; por ejemplo, se omite un suceso y, después, en el transcurso de la narración, se hace una alusión retrospectiva del mismo.
La manipulación de las expectativas del lector, adelantando la información sobre lo que va a suceder.

La creación de cierto tipo de atmósferas (de misterio, intriga, tensión, etc)
Esta estratificación del tiempo, es decir, esa cohabitación de épocas distintas con las que juega la literatura, interviene en dos niveles de narración:
En el micronivel: el narrador, mediante un juego de tiempos verbales, puede introducir distintas épocas en un mismo párrafo.
En el macronivel: actuando en la arquitectura, en la estructura del relato, es decir, en la forma en que está organizada la historia.
El punto de vista temporal y los tiempos verbales
El narrador se ubica en ese tiempo principal o punto de vista temporal, pudiendo utilizar cada uno de los tiempos verbales –pasado, presente o futuro-.
Dispone, pues, de tres alternativas:
Situarse en el pasado: el narrador cuenta algo que ya ha sucedido y que, por naturaleza, es invariable. Es el tiempo más utilizado en la técnica narrativa.
Situarse en el presente: el narrador cuenta lo que está sucediendo en ese instante. Su punto de vista temporal está situado en la misma línea narrativa que la acción, de forma que los hechos ocurren al mismo tiempo que se cuentan.
Situarse en el futuro: el punto de vista temporal se sitúa en algo que todavía no ha sucedido, que ocurrirá en un futuro mediato o inmediato. El futuro da al narrador, en algunos casos, un tono imperativo, de mandato, como si tuviera control sobre lo que va a suceder.
El escritor tiene otra alternativa en el espacio gramatical del futuro: puede optar por el tiempo de la posibilidad, esto es, un tiempo que tiende su mano hacia el porvenir, pero no como certeza, sino como probabilidad. Es el tiempo condicional, que expresa una acción probable o posible, una suposición o un cálculo aproximado.
El tiempo subjetivo
Presente, pasado y futuro pertenecen al modo indicativo y, por tanto, expresan una actitud objetiva del hablante –se narra una acción real-. Pero existe otro modo, el modo subjuntivo, que da cuenta de los deseos, las dudas o los temores del que habla. Es un modo verbal que presenta hechos que acontecen en la mente del personaje y no en su realidad, un modo verbal conectado muy directamente con ese reloj mental del personaje,  el tiempo subjetivo, un tiempo que hay que tener en cuenta a la hora de narrar.
El tejido verbal de un texto, es decir, el dibujo temporal que se hila en cada párrafo, debe tender a atar todos los cabos, del pasado, del presente y del futuro, así como también los otros tiempos, el tiempo del deseo y del temor, que acontecen en la mente del personaje.
RECURSOS Y JUEGOS LINGÜÍSTICOS
La enumeración
El recurso de la enumeración ha convocado a las musas en todas las épocas de la literatura. Así se expresa el escritor colombiano Fernando Vallejo con respecto a la enumeración en literatura:
La literatura a fin de cuentas es una larga enumeración. El famoso catálogo de las naves del segundo canto de la Ilíada enumera los pueblos que concurren a la guerra de Troya: “Los que venían de Argos… Los que venían de Lacedemonia… Los que venías de Pilos…." Por casi cuatrocientos hexámetros, Homero hace el recuento de los asaltantes y defensores de la ciudad ¿Pero qué otra cosa es la Ilíada en sí sino la prolongada enumeración de los incidentes de esa guerra?
Como en el lenguaje común, enumerar es reseñar todos aquellos elementos que componen un conjunto. Se trata de un recurso estilístico que a menudo nos pasa desapercibido en nuestras lecturas, pero del que está plagada la narrativa del siglo XX, por su capacidad de provocar ritmos y crear imágenes poderosas que pueden estar cargadas de un notable contenido poético.
La enumeración es música y cajón de sastre donde términos lejanos se unen para alumbrar desconcertantes armonías de significado y sonido.
Además de una oportunidad para introducir poesía en medio de la prosa, la enumeración pone en nuestras manos una fórmula eficaz para contar muchas cosas en un solo párrafo.
Tipos de enumeración
Enumeración completa: Se produce cuando los dos últimos miembros están unidos por coordinación(1)
Enumeración incompleta: Es cuando los dos últimos elementos de la enumeración vienen ligados por yuxtaposición(2), lo que produce asíndeton.
Enumeración mixta: En este caso, la  unión de los miembros se produce por polisíndeton.
Ejercicio
 
Hacer una lista de amigos o conocidos, a continuación detallar los rasgos principales de cada uno de ellos.
Intentar enumerar a los personajes –usando combinaciones de sustantivo + adjetivo- siguiendo los distintos tipos de enumeración: completa, incompleta y mixta.
 
LECTURAS RECOMENDADAS
 
Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo del volumen ojos de perro azul (Gabriel García Márquez)
La máquina del tiempo (H.G.Wells)
Vida y opiniones del Cabellero Tristram Shandy (Laurence Sterne)
El experimento del Dr. Heidegger del volumen Wakefield y otros cuentos (Nathaniel Hawthorne)
 
PROPUESTA EJERCICIO
Una pareja se encuentra por casualidad después de años de separación. El narrador en tercera persona omnisciente, recreará para el lector la historia que vivieron esas dos personas  y el motivo de la ruptura. Anticipará el futuro, aquello que va a suceder tras el encuentro. Eso significa que el narrador omnisciente deberá tender un hilo hacia delante y otro hacia atrás y explicar la trascendencia, para la vida de los personajes de esa casualidad. No se propone un entorno ni una situación concreta para no cerrar la propuesta. Pero se debe narrar de tal forma que el lector lo vea, es decir, se debe crear un ambiente (cómo y dónde se encuentran), caracterizar  a los personajes y definir las circunstancias concretas de ese diálogo.
 
(1) Relación de unión o exclusión entre oraciones simples sin que exista ningún tipo de subordinación entre ellas. Están unidas por un nexo
(2) Relación entre dos o más oraciones simples sin ningún nexo que las una. Se separan por una pausa en el lenguaje oral y por una coma en el escrito.
 

lunes, 10 de noviembre de 2014

Veladas nocturnas en la Fundación Lázaro Galdiano



 
El 31 de Octubre pude disfrutar, muchísimo, de una velada literaria en la Fundación Lázaro Galdiano.  Ignacio Vleming y Vanesa Pérez Sauquillo fueron  los poetas encargados de introducirnos en ese recorrido.
 
No voy a desvelar mucho de esta visita, ya que os recomiendo a todos que si tenéis ocasión, disfrutéis en vivo de ella.
 
El primer texto que nos leyó Vanesa, magistralmente, fue el siguiente fragmento de Salomé de Oscar Wilde.

Ah! No me estás escuchando. Tranquilízate. Mírame a mí, ¿acaso no estoy calmado? Yo estoy totalmente calmado. Escucha. Tengo joyas escondidas en este palacio- joyas que incluso tu madre jamás ha visto; joyas que son maravillosas a la vista. Tengo un collar de perlas, dividido en cuatro hileras. Son como lunas encadenadas con rayos de plata. Son incluso como medio centenar de lunas atrapadas en una red de oro. Descansaron en el pecho de marfil de una reina. Serás tan hermosa como una reina cuando las uses. Tengo amatistas de dos clases, una que es negra como el vino, y una que es roja como vino coloreado por agua. Tengo topacios amarillos como ojos de tigres, y topacios rosas como ojos de una paloma torcaz, y topacios verdes como ojos de gatos. Tengo ópalos que siempre arden, con una llama que es fría como el hielo, ópalos que entristecen las mentes de los hombres, y que le temen a las sombras. Tengo piedras de ónix como pupilas de mujeres muertas. Tengo piedras lunares que cambian cuando la luna cambia y que palidecen cuando ven el sol. Tengo zafiros como grandes cascarones, y tan azules como flores. El mar se mueve dentro de ellos, y la luna nunca viene a perturbar el azul de sus olas. Tengo crisolitos y berilos, y crisopacios y rubíes; tengo piedras sardónicas y jacintos, y piedras calcedonias, y te las daré todas a ti, e incluso más cosas te daré. El rey de las Indias me acaba de mandar cuatro abanicos adornados con plumas de pericos, y el rey de Numidia un atuendo con plumas de avestruz. Tengo un cristal, en el que no es permitido que mujer alguna mire, y que ningún joven puede mirar a menos que haya sido golpeado con palos antes. En un cofre de nácar tengo tres maravillosas turquesas. Aquel que las usa en su frente puede imaginar cosas que no son verdad, y aquel que las usa en su muñeca puede hacer estériles a las mujeres que no lo son. Estos son tesoros maravillosos. Son tesoros que no tienen precio. Pero esto no es todo. En un cofre de marfil tengo dos copas de ámbar que son como manzanas de oro puro. Si un enemigo vierte veneno en ellas, se convierten en manzanas de plata. En un cofre incrustado con ámbar tengo sandalias con incrustaciones de cristal. Tengo mantos que han sido traídos de la tierra de Serer, y brazaletes guarnecidos de carbunclos y con jade traído de la ciudad de Éufrates... ¿Qué más puedes desear aparte de esto, Salomé? Dime aquello que desees, y te lo daré. Todo lo que me pidas te daré, excepto una cosa. Te daré todo lo que es mío, excepto la vida de un hombre. Te daré el manto del sumo sacerdote. ¡Hasta te daré el velo sagrado del templo!"
 
Este cuadro de Joshua Reynolds "Lady Sondes" fue otro de los que nos presentaron en esta Velada.


 

Lectura "Retrato Oval" de Edgar Allan Poe:

"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible: "¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada: ¡Estaba muerta!"

Otro de los cuadros que nos ofrecieron en bandeja de plata fue el de  "El Salvador adolescente" se le atribuía a Leonardo da Vinci aunque se dice que no era suyo.
La lectura escogida para esta obra de arte era un fragmento del libro "Entrevista con el vampiro" de Anne Rice.

 

 
Este objeto llamó mucho mi atención. Curioso, Urna que recoge las cenizas de un ruiseñor.
 

domingo, 19 de octubre de 2014

La caracterización. El personaje II


 

El carácter es el conjunto de rasgos psicológicos y morales que bosquejan a un personaje. Algunos escritores “pintan” con realismo el físico de los personajes; otros solo ofrecen unos pocos datos y es el lector quien debe rellenar los huecos que faltan en la descripción. Por otro lado, en una novela tenemos más espacio para la caracterización de los personajes que en la rápida sucesión del tiempo propia de los cuentos.
La forma de caracterizarlos físicamente es una decisión del escritor, el cual solo está sujeto a una única exigencia: que la forma elegida –muy detallista o muy escueta -se conserve a lo largos de la obra.
Una de las características del personaje es su procedencia social. Su forma de vestir y de hablar nos ayuda a situarlo en la escala social a la que pertenece.
El registro lingüístico, es decir, el modo de hablar del personaje, debe coincidir con su estatus.
Proporcionar al personaje el registro lingüístico que le corresponde es esencial para dotarle de coherencia y verosimilitud. Mostrar en acción a los personajes es una de las bazas más valiosas con las que cuenta el escritor para definirlos.
Los personajes no son personas, sino seres de ficción y, sin embargo, se parecen sospechosamente a ellos en su comportamiento. Es difícil que un personaje sea verosímil si siempre es afable o malvado, avaro o generoso, bondadoso o perverso. Los extremos acaban tipificando. Cierto es que, de vez en cuando, encomendamos a una figura secundaria el cumplimiento de una labor delicada.
Pero los protagonistas principales cargan sobre sus hombros con el peso de la historia. Por eso, si queremos que sean verosímiles, también deben ser contradictorios, como las personas;  son las contradicciones, la evolución y el cambio lo que da vida a esa figura de arcilla que debe parecer humana.
En muchas ocasiones, la descripción del espacio se impregnará de la emoción o del estado de ánimo de personaje, de tal forma que, a través de lo que se describe, el escritor empuja al lector hacia ese estado anímico. El paisaje se convierte entonces en el espejo físico de su alma. De hecho hay personajes que dependen del paisaje para existir. Esta técnica era muy propia del  Romanticismo, en el que, de vez en cuando, incluso coinciden sospechosamente los cambios atmosféricos con los estados de ánimo de los personajes de tal modo que a menudo estallaba una tormenta en el peor momento o bien caía la lluvia con monotonía en plena crisis melancólica del protagonista. Este uso tópico del paisaje o de los cambios atmosféricos no nos llevará muy lejos, mientras que en un espacio, visto a través del estado psicológico de un personaje, define de forma indirecta a nuestras criaturas.
Truman Capote, recurrió en Desayuno en Tiffany’s a la descripción del entorno inmediato –la casa, los objetos personales –para caracterizar a algunos de sus personajes.
A menudo, como sucede, en la propia vida, nos enteramos de ciertas cosas de los demás por otras personas y también juzgamos comportamientos ajenos o recibimos una visión subjetiva de los hechos por parte de alguien cercano a los sucesos. Así pasa con los personajes, descritos muchas veces por boca de terceros.
Lo que piensa una comunidad acerca de una persona, es útil para situarlo, tanto en su posición social como en sus formas de comportamiento. Puede ayudarnos mucho el saber lo que piensan las personas que rodean al personaje.
Los diálogos siempre son una fuente eficaz de información.
Hay dos formas de caracterizar a los personajes:
DECIR: El narrador analiza los  entresijos del personaje  y los expone al lector de manera explícita.
MOSTRAR: El narrador escenifica comportamientos y reacciones del personaje en lo que se queda implícito su carácter, y el lector saca sus propias conclusiones.
Estas dos formas de caracterizar están ligadas al punto de vista:
Tercera persona
-Omnisciente: El narrador explica como es el personaje y expone de forma explícita todos sus rasgos, ya que tiene acceso a su mente, a sus deseos, a sus sueños y además, puede dar su opinión.
-Cuasi omnisciente: El narrador es invisible, se convierte en una cámara de cine y, por lo tanto, le está prohibido invadir la conciencia de los personajes o de su opinión. El narrador se limita a mostrar al personaje por medio de diálogos, comportamientos o escenas.
Primera persona
-Protagonista: Es la figura que se explica a sí misma,  aunque presenta al resto de los personajes desde fuera, y por ello no pueden entrar en la conciencia de aquellos que le rodean.
-Testigo: Todos los personajes llegan hasta el lector filtrados por la mirada de un narrador que ocupo un lugar secundario en la trama. Dicho narrador, que no es imparcial y que juzga a los demás desde su posición, puede explicarnos como son, según él, los demás personajes y también pueden mostrarlos en acción.
“Los personajes salen de uno en uno, pero salen de uno después de haber conocido un montón de cosas. Yo he visto tipos de esa rudeza, los he conocido en pueblos de la provincia de Soria, y los he conocido en la guerra. Concibes un personaje duro, que ha pasado por la guerra y va él solo formándose, como cuando el escultor de arcilla va metiendo los dedos y le da carácter. No corresponde a nadie concreto, es una especie de resumen de unos y otros”  José Luis Sampedro, hablando de la construcción de Bruno Roncone, protagonista de la Sonrisa Etrusca.
 
RECURSOS Y JUEGOS LINGÜÍSTICOS
La Sinécdoque: Tomar la parte por el todo
Nuestra forma de observar es impresionista; recoge grandes pinceladas de la realidad, recolecta partes: el color de los ojos, la forma de la boca, la manera de caminar, etcétera  y a partir de esas “partes” reconstruyen el “todo”, la imagen completa de la persona. Este mecanismo en literatura, se conoce con el nombre de sinécdoque.
La sinécdoque es una figura semántica que transfiere el significado de una palabra a otra. Es como un transportador de palabras, algo parecido a la metáfora, aunque con la diferencia de que la sinécdoque mantiene entre los dos términos una relación de inclusión, es decir, que uno de los miembros es mayor extensión que el otro.
Aunque hay varios tipos de sinécdoque, nos centraremos en la más común: tomar la parte del todo.
Cuando describimos la apariencia física de un personaje no tenemos más remedio que optar por unos cuentos rasgos  -una parte –y dejar que el lector reconstruye lo demás –el todo-. La diferencia esencial con aquello que nos sucede normalmente al recordar a una persona consiste en que el escritor debe elegir de forma consciente esos rasgos, escoger solo aquellos que posean la capacidad de reconstruir el todo.
Otro tipo de sinécdoque consiste en designar el objeto por la materia:
Ganó mucha plata, en vez de de ganó mucho dinero.
Desenvainó el acero, en vez de desenvainó la espada.
Fray Luis de León, también utilizó este tipo de sinécdoque:
Hierro insano, para definir la espada.
Ejercicio
Siguiendo el ejemplo de Fray Luis de León, inventar frases utilizando una sinécdoque, como por ejemplo:
-Le gustan mucho las faldas, en vez de le gustan mucho las mujeres.
-Tiene veinte abriles, en vez de tiene veinte años.
 
LECTURAS RECOMENDADAS
El Turista accidental (Anne Tyler)
El Dr. Jekyll y Mr. Hyde (R.L. Stevenson)
Orlando (VirginiaWoolf)
Los Santos Inocentes (Miguel Delibes)
PROPUESTA EJERCICIO
Elaborar una ficha con los personajes que van a aparecer en la historia que se pretende crear.
FICHA:
-Nombre y apellidos
-Lugar y fecha de nacimiento
-Apariencia física: rasgos más destacados
-Comportamiento: mostrar alguna conducta que lo caracterice y elaborar un diálogo entre dos personajes de su familia que hablen acerca de él.
-Entorno: dónde vive. Describir la casa en la que habite.
-Estatus social: Tipo de familia.
Estos datos básicos ayudarán a trazar los rasgos generales del personaje protagonista. Se puede hacer lo mismo con el resto de personajes.
Por último se puede “trufar” estas fichas elementales con datos e informaciones extraídos de la “papelera” que nos ha enseñado a utilizar Truman Capote cuando “ficha” a Miss Golightly en Desayuno en Tiffany’s.
Escoger un libro y subrayar todo aquello que caracterice físicamente al protagonista de la narración.
Pensar en dos personas cercanas. Encontrar un gesto propio de cada una y describirlo.
Fijarse en los registros lingüísticos que existen a su alrededor ¿Cuáles son y qué palabras son propias de cada registro?
Cerrar los ojos y pensar en una persona querida. Escoja tres rasgos físicos que la definan.
 
  
 


lunes, 13 de octubre de 2014

Soy la muñeca que baila sin público

 

Primavera, Otoño e Invierno.
 ¡Estúpido verano de largas noches que pesan y pasan despacio!
 

Qué pequeña me siento
arrugada en mi barquito de papel,
si pudiera dejaría en tres
las cuatro estaciones de Vivaldi
la que me sobra, la regalo.
Necesito  volver a las calles del invierno,
a las esquina traviesas,
al aquí y ahora
 y que el resto… el resto  muera de envidia.
Noto que soy  la muñeca
que baila al ritmo de cualquier melodía sin letra
y sin más público que unas malas perlas.
Quiero que tu  saliva fina confite mis labios con tus besos
mientras escucho tu corazón a través del mío.
Mi piel camina al compás que marcan tus dedos.
Deseo que  tu aliento sincero se pose sobre mi cuello
al tiempo que tu pecho le dice piropos obscenos a mi espalda.
Está llegando el momento de parar en seco
y alimentarme del recuerdo,
pero esperaré vacía
sin que la distancia  me muerda
sin que me contagie de su apariencia extraña.
Ahora te dejo que pienses en mí
para que de nuevo pienses en mí
y así hasta que me haga mayor,
de momento y como dice la canción:
“Qué grande eres amor
y qué pequeña que soy yo...”

 
 
 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Mi otro yo


 

 
Fría  y nada transparente dice,
quien no me conoce, que soy,
que ofrezco el rocío en dosis altas
y  poseo un iceberg como órgano vital.
Dicen algunas bocas molestas
que no sé lo que es amar y que el amor duele,
 tal vez  lleven razón
pero eso lo sé yo y mi otro yo cuando está conmigo.
Es ahora cuando  aquellas lenguas tristes
deberían empañar la mirada
a través de los cristales rojos del deseo
y aunque se entrometan en mi cielo oscuro
y  naveguen por mis circunstancias
buscando fragancias disipadas en el tiempo,
no encontrarán errores escondidos
en cajitas de porcelana invisible.
Y  para aquellos picos poco agraciados
grito sin voz pero bien alto
que no siento dolor porque amo, 
 que soy en porciones muy elevadas
el final de cualquier capítulo sin comienzo,
pero eso lo sé yo y mi otro  yo cuando está conmigo.
 

lunes, 4 de agosto de 2014

Los países habitados. El Personaje I

 
Los personajes son los elementos motores de la acción, los ejes dinamizadores sobre los que gira el desarrollo de la misma: toda la narración está integrada por situaciones, se pasa de una situación a otra a través de un juego de fuerzas. Estas fuerzas son los personajes y el cambio constante de situación es lo que da lugar a la acción narrativa.
Según David Lodge:
Los personajes son seguramente el elemento aislado más importante de la novela. Otras formas narrativas, como la épica, y otras artes, como el cine, pueden contar una historia tan bien como la novela, pero nada puede igualar la gran tradición novelística europea en cuanto a riqueza, variedad y profundidad psicológica de su retrato de la naturaleza humana.
Los personajes de los cuentos y los de las novelas viven en medios distintos y deben adaptarse a aquellas formas para las que han sido creados:
Los personajes de una novela poseen más espacio para evolucionar y mostrarse que los del cuento.
La novela hace posible que existan calles adyacentes a la principal, por la que circulan y donde viven los personajes secundarios.
Diferencias entre persona y personaje:

Edward Morgan Forster, propone dos especies distintas de hombre: el Homo sapiens y el Homo fictus
El homo sapiens es el ser humano hecho de carne y hueso, nace, come, ama, se reproduce y muere.
El homo fictus, en cambio, es el personaje, un ser de ficción, un cúmulo de palabras que debe tomar la apariencia de un hombre, pero no sus características esenciales.
No podemos crear personajes con la idea de que van a ser iguales que los seres humanos, aunque es posible que se parezcan. De hecho, uno es la representación en palabras de otro, pero en esencia, son dos especies diferentes.
El escritor debe conocer sus características, las distintas formas que adopta y los lugares que pueden ocupar en la narración.
Si los géneros del cuento y la novela han sufrido una transformación intensa entre los siglos XIX Y XX -sobre todo la novela, que ha pasado del realismo del XIX a ser el género híbrido y complejo que conocemos hoy-, los habitantes de esos espacios de ficción han viajado en el mismo barco y, por eso, su transformación se ha ido ajustando a los cambios operados en su entorno, es decir, en los géneros para los que fueron creados.
En el siglo XIX, siglo de las novelas, río y del realismo, el narrador es el dios de la historia. Su voz en tercera persona resuena en todos los rincones de la narración; penetra en la conciencia de los personajes y los desmenuza ante el lector.
Son los personajes-tipo, instrumentos de los que se vale el escritor para analizar la sociedad, la época y el país en el que vive.
El siglo XX supone un acercamiento a la conciencia de los personajes. El narrador omnisciente es sustituido por otros narradores. Con el hallazgo del monólogo interior se eliminan los intermediarios.
El lector del siglo XIX veía al personaje a través de un narrador omnipresente y ubicuo, pero en el siglo XX, uno de los objetivos de la novela es que el lector "escuche" directamente el pensamiento del personaje sin aparente intervención del narrador.
En el siglo XX no importa tanto como en el XIX la evolución de un grupo social y de sus héroes, los hechos, las acciones; importa más el propio proceso de la escritura, la evolución, la aventura interior de los personajes.

Tipos de personajes:
La clasificación es la siguiente:
-Personajes principales y secundarios
 
Personajes principales:
Son el centro de la acción.
Los que llevan la voz cantante.
Cumplen funciones decisivas para el curso de la narración.
Sufren cambios a lo largo del proceso narrativo (muchas veces lo que se nos cuenta es, precisamente, el relato de su evolución.
Poseen un móvil para sus actos: su acción puede provenir de un deseo, de un temor, de una necesidad que les obliga a luchar contra las circunstancias. Pero los personajes no tienen por qué ser heroicos.
El lector se siente atraído por estos personajes, incluso aunque su conducta no sea heroica. Se produce una identificación emocional entre ellos y el lector.
La historia del personaje principal o protagonista domina la acción (aun cuando éste sea dominado, a su vez, por las circunstancias.
 
Personajes secundarios:
En segundo plano
Los personajes secundarios cumplen varias funciones dentro de la trama:
Los hay que son protagonistas de subtramas, brotes que crecen alrededor del tronco principal. Las funciones de esas subtramas en las novelas son diversas: sirven por un lado, de apoyo a la historia esencial; pero también se entrelazan con ella generando intriga o variando el ritmo emocional de la narración.
Apenas evolucionan, o si lo hacen, son movidos por las circunstancias y no por la voluntad
Muchos personajes secundarios van apareciendo aquí o allí y son utilizados por el escritor como "fondo" de la narración. Poco definidos, no llegan a poseer una entidad propia aunque pueden representar algo. Su misión es dar vida al entorno.
El antagonista opone su fuerza al protagonista de la acción. A menudo, el protagonista se define por oposición a su antagonista. Otras veces, dicho antagonista no es humano, sino un obstáculo que se opone al protagonista y que éste debe superar para llegar a cumplir sus afanes.
-Personajes tipo y personajes característicos

Personajes tipo
Los personajes-tipo son sociales, se erigen en símbolos de un sector de la humanidad.
Los que llamamos "tipo" son personajes extremos, porque se estructuran alrededor de una característica que es común a muchos seres humanos -seres que en esencia son muy distintos unos de otros- y están envueltos en esa única cualidad.
 
Personajes característicos
Los personajes característicos no son sociales sino individuales. Se definen por oposición a los personajes-tipo, es decir, son todos los demás -mayoría abrumadora en cuentos y novelas- No están ahí para representar a un grupo humano, sino a un ser individual, con historia propia, y, sobre todo, desde muchos ángulos diferentes incluso contradictorios, es decir, pretenden ser más reales, más parecidos a nosotros, los seres humanos.

RECURSOS Y JUEGOS LINGÜÍSTICOS
La caricatura literaria
La caricatura literaria se basa en los mismos principios que la del dibujante: la selección y la hipérbole (exageración) La caricatura es un retrato que consiste en seleccionar el rasgo -o rasgos- más destacado del personaje y exagerarlo.
El objetivo evidente de la caricatura suele ser el sarcasmo y la ironía, y más cuando la exageración de los rasgos raya en lo grotesco. Es el caso del célebre soneto de Quevedo "Erase un hombre a una nariz pegada..."
Otras veces, el objetivo de la caricatura no es provocar risa. Esta forma de retrato, en la que se destacan los rasgos más característicos del personaje, posee también un gran potencial poético.
Ramón Gómez de la Serna maestro de la suma de metáfora y humor, se adentró en la caricatura en sus Retratos contemporáneos y sus Greguerías.

Ejercicio
Escribir dos caricaturas. El personaje en ambos casos, será el mismo pero el objetivo va a ser distinto.
Una de las caricaturas debe ser humorística, exagerando los rasgos hasta lo grotesco, y la otra expresionista, escogiendo esos caracteres que hacen tan peculiar al personaje y que tienden un puente entre lo que vemos de él y lo que vemos a través de él, es decir, lo interno.

LECTURAS RECOMENDADAS

Grandes esperanzas (CharlesDickens)
Eugénie Grandet (Honoré deBaltzac)
Las uvas de la ira (JohnSteinbeck)
El abrigo (En el volumen Historias de San Petesburgo) (Nikolai Gogol)

PROPUESTA EJERCICIO
Tomar "La colmena" la "novela coral" de Camilo José Cela, e intentar desentrañar el mosaico de personajes que contiene.
Recordar que en La Colmena aparecen nada menos que doscientos noventa y seis personajes y cincuenta históricos, y que solo treinta de entre esta muchedumbre tienen importancia en el transcurso de la narración
Página a página ir elaborando diversas listas de personajes de esa novela, agrupándolos en cada uno de ellas según el orden de importancia que puedan tener.
La desaparición o continuidad de estos personajes irán orienta acerca de su importancia.
Otro detalle que delatará esta importancia relativa es la cantidad de detalles descriptivos de todo tipo que el escrito vierte cuando el personaje aparece por primera vez.
Hay que tener en cuenta, que este ejercicio es muy largo y complicado; no es necesario completarlo en el primer intento. Es un trabajo que se puede retomar y que aleccionará acerca de la construcción del personaje novelístico.