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CIENTO DIECIOCHO DÍAS

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A estas alturas de mi vida, además de leer una hora antes de que las hormigas se despierten, trabajar otras ocho como mínimo, limpiar la casa, aunque esté limpia, pegar el botón a esa camisa que no me pongo, mover las caderas, aunque me duelan NECESITO CONTEMPLAR TU SONRISA, y, si la acompaña una carcajada olvido que el día tiene veinticuatro horas. Tan bonita, tan sincera, tan valiente, tan como lo era la de tu tío. Y es que la vida es una risa, a veces una risilla tonta, otras una risilla fácil, otras veces se ríe por no llorar. Alguien no estará de acuerdo, o muchos o quizá todo el universo, pero a estas alturas de mi vida, me importa una higa. MERECES RISAS TODOS LOS DÍAS. Estás en un momento de disfrutar de lo más bello que la vida te ofrece, no dejes que nada lo enturbie. Dentro de ciento dieciocho días, podría ser alguno más o alguno menos, tendrás que mostrarle a “pequeñito” tu mejor sonrisa, aunque las noches sean cortas, aunque los miedos duelan, aunque los pañales apeste...

EL ROJO NO ES SOLO UN COLOR

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  En ella no es su belleza -si la tuviera- lo que le hace distinta, tampoco su forma de vestir o su pelo cada día más pobre, ni sus arrugas ya indiscretas en las palmas de las manos o en los pliegues del cuello, siempre alejado de los hombros, siempre despejado, siempre libre. En ella, el rojo es su táctica para ser feliz. Juega con las letras, y con las energías de los minerales, a los que escucha como si le cantasen coplas. Ahora ha encontrado otra parte de ella en el libro que sujeta con seguridad y agradecimiento. Ahora que el tiempo le permite conversar con las ideas descubre que no es tan malo hacerse mayor, que envejecer rica en inquietudes y pobre en tiempo, tiene enmienda. En ella, lo que le diferencia del resto es el respeto por la belleza, la seguridad del trabajo bien hecho, la capacidad de lucha consigo misma, por equilibrar el SI con el NO. En ella el rojo es su salvación.    
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De entre todas las personas que llevan una flor en el pecho fuiste elegido tú; por las huellas que dejas al pisar, huellas intermitentes que acarician sonrisas a medias y por la luz generosa que desprende tu aura y por tus besos, sí, por tus besos cómplices cualquier día de la semana, a cualquier hora del día, a cualquier segundo de una hora; porque tienes un corazón hecho de lágrimas y rejuvenece con cada llanto. De tanto que te quiero se me olvida quererme, aunque sea por debajo del pelo o de las arrugas, quererme en silencio o a gritos se me olvida, sí. Es por tanto que te quiero por lo que ya no me quiero yo.  

Caricias que curan

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              Charlotte lo que más deseaba en el mundo era que su madre mostrará un poco más de cariño hacia Pipper. Que le acariciara el hocico o le tocara las orejas. Siempre le había gustado de ella la manera que tenía de sujetar con las manos la cara a la personas o la delicadeza con la que limpiaba los objetos que le importaban como los que le resultaban incómodos. Sus dedos eran largos, pero se notaban en ellos el paso del tiempo y el factor genético de la artrosis, pero no dejaban de ser unas manos cautivadoras, con una manicura elegante y una historia interesante entre las líneas.             Se pasaba horas acicalando la buganvilla. Con suma delicadeza le frotaba las hojas con las yemas de los dedos humedecidos. Retiraba las flores secas y le cambiaba la tierra prácticamente sin ensuciarse las uñas. Viéndola tratar con esa dulzura a la planta Charlotte no enten...

AMIGA POESÍA

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  Perdona si no se escribir los versos correctos, si las metáforas no se adaptan a tu piel o si la anáfora convierte el papel, en papel manchado o papel mojado. Disculpa amiga si lo que grabo con tinta daña tus escápulas mi intención es cubrir los renglones vacíos con un verso libre, libre por sí solo, libre como yo misma. Mi mano avanza con pies de plomo las palabras brotan frágiles, calladas, intermitentes, siento que no sean las apropiadas y si lo son, me alegro. Son las que son, las que nacen y crecen sin censura, son las que se arriman a mi almohada cuando duermo o las que florecen mientras Hacienda descuelga el teléfono. Son las que forman parte de ti y de mí. En ocasiones hay que tratarlas con esmero o incluso ponerlas cadenas, según se vea. Ellas necesitan un lugar para ser felices, como yo, y tú amiga, sabes mucho de eso. En ti he puesto todas mis ganas, y como dice la canción: «Aunque tú no lo sepas me he acostado en...

El rincón del Obi

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               Sentada en el futón , con el pelo aún mojado y envuelta en la toalla, Natsukira intentaba pescar con los palillos un trozo de tofu que se escondía entre el resto de ingredientes de la sopa miso. Mientras, Sakuo esperaba impaciente la llegada deArekkusu.             Sakuo tenía ciento ochenta años como poco, bueno quizá unos cuantos menos, aunqueera muy posible que rondase los cien. Conservaba casi toda la mata de pelo, ya blanco, que le ha acompañado durante todos estos años. Su cara, apenas arrugada, mostraba un color muy saludable. Al ser bajito y delgado se desenvolvía bien con las tareas domésticas, aunasí, ya no hacía más de cuatro cosas, Arekkusu se encargaba del resto. A él le confiaba los trabajos más duros de limpieza, o los que requerían estar mucho de pie, así como la atención a los clientes del taller de costura de Natsukira. Lo único que no le gustaba del jov...

Ellas

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Son preciosas. En menor número, sería exagerado. Más ingobernables. Sugestivas cuando se imaginan, excitantes si se insinúan y espléndidas cuando se muestran. Únicas en la niñez, estimulantes a cualquier edad. Siempre motivadoras. Solo los torpes las miran más que las acarician. Aunque se disfracen asoman por el balcón con fuerza. Erguidas y desafiantes roban al intruso un silbido. Hilvanan huella atrevidas, siempre arrogantes. Muchas rozan la perfección. Otras son mentirosas y despiadadas con el ingenuo. Cubiertas con finas hebras despistan al entrometido, al que incitan, después de mimarlas y jugar con ellas, a seguir hasta el final descubriendo el engaño.