Basta ya
Madrid, 25 de noviembre de 2018 Querido insolente y mal nacido dueño de mis actos: Esta carta no está firmada porque no soy yo quien la escribe, no te llegará a tiempo, pero tampoco lo hará a destiempo. Hace mucho que perdimos el contacto, pero sé de ti, igual que tú sabes de mí. Utilicé los años de madurez para reírme y bastante. He aprendido que todo lo hecho y lo que me queda por hacer se lo debo a tu desfachatez. Quizá, si durante la época que fuimos tan desconocidos como ahora hubiese sido valiente, en este instante, no estaría dejando escritas estas líneas tan insignificantes como tú, volvería una y mil veces a buscar en cada hueco de mi armario alguna mota de alivio para consolar mis noches de insomnio y volvería una y mil veces a enseñarte los dientes aunque después se me cayeran. Nunca debí probar tus aguas estancadas, me equivoqué y equivoqué al paso del tiempo que se tornó sombrío. Quiero que entiendas que dejaste una huella triste y decadente en mi cuerpo y un toq...