Algo inesperado
Cuando recibí aquella llamada, supuse que sería la última vez que escuchase las absurdas y egocéntricas frases de aquel ser sin sustancia con el que había compartido cine, cena y cama los tres últimos meses. Tiré sus fotos a la papelera y borré el teléfono de la agenda del móvil. No tenía planes esa noche, llamé a mi amigo Javier, para tomar unas copas, me duché, me puse ropa cómoda, recogí el pelo en un destartalado moño, me rocié con unas gotas de esencia de jazmín y me fui de casa dando un fuerte portazo. No cerré con llave, era misión imposible buscarlas en el bolso y con la luz apagada. Fui a dar al interruptor, y por más que apretaba el botón, la luz no se encendía, el ascensor no funcionaba y bajar diez pisos era toda una aventura, no obstante lo intenté y empecé a bajar despacio los escalones, uno a uno, sin prisa hasta llegar al noveno, una vez allí volví a apretar el interruptor, pero nada, seguía sin funcionar, seguí bajando escalones, pero por un instante un fuerte y agrada...