jueves, 17 de abril de 2014

Los géneros literarios



Los géneros literarios son las categorías en las que se puede clasificar una obra literaria atendiendo a su forma, a su contenido y a su finalidad.
Clasificación de los géneros literarios

Género lírico:

Transmite de manera subjetiva sensaciones, vivencias o pensamientos. Tiene como forma habitual de expresión el verso. Se consideran pertenecientes a este género desde un poema subjetivo (elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández) hasta un poema moral (Epístola moral a Fabio, de Andrés Fernández de Andrada) Sin embargo, también hay poesía escrita en prosa (Mortal y Rosa, de Francisco Umbral) denominada prosa poética.
Se consideran líricos aquellos textos que expresan de manera subjetiva los sentimientos, vivencias o pensamientos del autor.
El género lírico se puede caracterizar por los aspectos formales  y por la finalidad con que ha sido escrito.
En cuanto a la forma, los textos líricos generalmente están escritos en verso. No obstante, hay autores que prefieren la prosa para la expresión subjetiva de sentimientos. Esta forma de escritura, recibe el nombre de prosa poética.

Principales estrofas:

Pareado: Dos versos de arte mayor o menor con ritma única e indiferente AA, aa.
Terceto: Tres versos endecasílabos con ritmo consonante  A-A.
Soleá: Tres versos octosílabos con ritma asonante a – a.
Cuarteto: Cuatro versos generalmente endecasílabos con ritma consonante ABBA.
Serventesio: Cuatro versos alejandrinos o endecasílabos con rima consonante ABAB.
Redondilla: Cuatro versos octosílabos con rima consonante abba.
Cuarteta: Cuatro versos octosílabos con rima consonante abab.
Cuaderna Vía: Cuatro versos alejandrinos con rima consonante AAAA Tiene su origen en el Mester de clerecía.
Copla: Cuatro versos de arte menor con rima asonante a- a Tiene carácter popular y es cercano al romance.
Seguidilla: Cuatro versos heptasílabos y pentasílabos con rima asonante 7-5a-7-5a. Muy popular en Andalucía.
Lira: Cinco versos heptasílabos y endecasílabos con rima consonante 7a-11B-7a-7b-11B Introducida por Garcilaso desde Italia en el siglo XVI.
Quinteto: Cinco versos endecasílabos con rima consonante de los que no rimen tres seguidos, los dos últimos no formen pareado y no queden ninguno suelto.
Quintilla: Cinco versos octosílabos que cumplen las mismas condiciones que el quinteto.
Copla de pie quebrado: Seis versos octosílabos con rima consonante 8a-8b-4c-8a-8b-4c.
Octava real: Ocho versos de arte  con rima consonante ABABABCC Procede de Italia.
Octava italiana: Ocho versos de arte mayor con rima consonante ABBCDEEC. Los versos cuatro y ocho terminan en palabra aguda.
Décima: Diez versos octosílabos con rima consonante abbaaccddc.
Soneto: Catorce versos endecasílabos con rima consonante ABBA ABBA CDC DCD.
Villancico: Número indeterminado de versos octosílabos y hexasílabos con rima consonante, estribillo y estrofa o glosa de extensión variable. Los satíricos o jocosos  se llaman letrillas.
Romance: Número indeterminado de versos generalmente octosílabos con rima asonante en los pares. Tiene variantes como el romancillo, el romance endecha y el heroico.
Serie épica: Número indeterminado de versos entre catorce y dieciséis sílabas con monorrima asonante. Empleados por el Mester de Juglaría en la Edad Media.
Silva: Se alternan libremente  versos heptasílabos y endecasílabos, entre los que se pueden quedar alguno suelto y con rima consonante.
Estancia: Número indeterminado de versos heptasílabos y endecasílabos con rima consonante cuya estructura se repita y a lo largo del poema.

Subgéneros líricos:

Los textos líricos pueden agruparse según la temática desarrollada en diversos subgéneros:

Elegía: Expresa sentimientos de dolor por la muerte de un ser querido (Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca). También se ha utilizado para la expresión de la fugacidad de la vida y de la nostalgia de la juventud perdida.
Égloga: Se estructura como un diálogo entre pastores acerca de asuntos amorosos en un barco bucólico e idealizado (Églogas de Virgilio, Juan del Encina o Lope de Vega, entre otros)
Oda: Es un poema de larga extensión que trata asuntos diversos y en un tono elevado (Oda a la vida retirada de Fray Luis de León)
Canción: Generalmente de tipo amoroso (Canción V, de Garcilaso de la Vega), aunque también tiene cabida cualquier otro sentimiento.
Sátira: Tiene por objeto la presentación humorística y breve de vicios y defectos individuales o sociales (algún aspecto de El libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita)
 
Género narrativo:

Presenta una historia contada por un narrador. Se identifica con la narración de acciones. Pertenecen a esta clasificación la novela (La busca, de Pío Baroja) el cuento (¡Adiós Cordera!, de Clarín), la leyenda (Maese Pérez el Organista, de Gustavo Adolfo Bécquer), el poema épico (Cantar de Mío Cid) y el apólogo (El Conde Lucanor, de don Juan Manuel).
En la estructura de la narración son fundamentales tres elementos: el narrador (omnisciente, testigo, protagonista), la ordenación de los hechos en el tiempo y los personajes (protagonistas, antagonistas, secundarios)
Los textos narrativos son aquellos que desarrollan una historia inventada o imaginada contada por un narrador.
El rasgo más característico de este género es la presencia de un narrador, de una voz que narre los hechos y que puede coincidir o no con el autor.
En relación con su forma lo más frecuente en la actualidad es que los textos narrativos estén escritos en prosa, pero en la antigüedad grecolatina y en la Edad Media la mayoría están escritos en verso, tanto si relataban hazañas de héroes (cantares de gesta, propios del mester de juglaría) como vidas de santos o asuntos de temas religiosos (obras del mester de clerecía)

Subgéneros narrativos en verso:
 
Epopeya: Es un poema extenso en el que se elogian las hazañas prodigiosas de un héroe. Las epopeyas de Homero (Ilíada, Odisea) sirvieron de modelo al género.
Cantar de Gesta: Se trata de un poema épico de creación y difusión oral, destinado a ensalzar las hazañas de un héroe local o nacional. Los cantares de gesta surgieron en la Edad Media (Chanson de Roland, en Francia, Cantar del Mío Cid, en España) debido al espíritu de la época. Están escritos en versos entre catorce y dieciséis sílabas divididos en dos hemistiquios y agrupadas en tiradas monorrimas.
Romance: Es un poema breve de creación y difusión oral en sus orígenes. Surgieron en el siglo XV como fragmentos relevantes de  los cantares de gesta, pero pronto se convirtieron en un género autónomo en el que podían tratarse los temas más diversos (amorosos, caballerescos históricos, etc. Están escritos en versos octosílabos con rima asonante en los versos pares y sueltos los impares.
 
Subgéneros narrativos en prosa:

Novela: Es un relato extenso que desarrolla una historia en un espacio y un tiempo determinados. En la novela hay una acción ficticia durante la cual se describen ambientes, se cuentas hechos y se analizan las conductas y los sentimientos de los personajes. El ingenioso hidalgo don Quijote de  la Mancha, de Miguel de Cervantes (siglo XVII), se considera la primera novela moderna europea.

Elementos de la novela:

1.-El punto de vista:
El narrador es el sujeto que, desde un punto de vista concreto, cuenta los hechos de la historia, presenta a los personajes, los sitúa en un espacio  y tiempo determinados, observa los  hechos que le rodean y muestra su forma de pensar y su forma de comportarse. La manera de contarlo todo es importante para la comprensión de la historia.
Distintos tipos de narradores:
-Narrador en primera persona: Cuando quien cuenta los hechos participa en la historia que cuenta. Hay dos clases:
Narrador-protagonista: La historia la narra el personaje principal.
Narrador-personaje secundario: Narra la historia un personaje secundario, que participa en la historia pero no es el protagonista.

-Narrador en segunda persona: Cuando en narrador cuenta los hechos a un tú que a veces puede ser él mismo, de tal manera que se desdobla. Es una técnica que aparece en la novela contemporánea.

-Narrador en tercera persona: Cuando quien cuenta la historia está fuera de ella.

-Narrador objetivo: El narrador es un mero testigo de los hechos y se limita a narrar aquello que ve, sin poder entrar en el interior de los personajes.

-Narrador omnisciente: El narrador describe lo que los personajes ven, sienten o piensan. Lo conocen todos sobre el personaje.
 
2.-La acción:

La acción está formada por todos los acontecimientos y situaciones que componen una historia. Dichos acontecimientos se pueden organizar en núcleos con cierta anatomía, llamados episodios.
El conjunto de acontecimientos y hechos de la historia se denomina también argumento. La forma de organizar dichos acontecimientos se denomina trama.
 
3.-Los personajes:

Los personajes son aquellos que realizan las acciones que relata el narrador.
Por su importancia en el desarrollo de dicha acción, los personajes pueden ser principales o secundarios. Dentro de los principales se encuentra el protagonista, que es el personaje más importante de todos. A su oponente se le denomina antagonista.

4.-La estructura:

Los elementos de la narración se organizan para formar un tono interrelacionado. De manera general, se distinguen tres partes en la narración:

Planteamiento: Es la parte inicial del relato donde se proporciona la información necesaria para que se desencadene la acción posterior.
Nudo: Es el momento de mayor complejidad de la historia y donde se continúa lo iniciado en el planteamiento.
Desenlace: Es el episodio final en el que se resuelve o finalizan los conflictos. A veces el final puede quedar abierto.
 
5.-El tiempo

El tiempo es un elemento de la narración que tiene en cuenta la duración, sucesión u ordenación en que se producen los distintos acontecimientos:
La duración del tiempo puede ser diverso: varios años, un día, unas horas…
El tiempo es largo cuando se presenta un periodo de tiempo muy amplio.
El tiempo es corto cuando lo narrado ocupa pocas horas.
El orden temporal de los acontecimientos puede presentarse de diversas maneras:
Desarrollo lineal: Los hechos se presentan con el orden cronológico en que se produjeron.
In media res: La narración se inicia en un punto intermedio de la historia y se van relatando hechos anteriores y posteriores.
Flash-back: La narración empieza por el final y retrocede al pasado.
De acuerdo a la percepción que se tiene del tiempo esto será:
Tiempo objetivo: Es el tiempo que se puede medir por el reloj
Tiempo subjetivo: Es la percepción que se tiene del paso del tiempo, a veces una hora se hace     interminable.
En cuanto al ritmo de la historia, es decir, la relación entre lo narrado y la forma de narrarlo:
Ritmo rápido: cuando los hechos o acontecimientos se suceden con rapidez y abundancia
Ritmo lento: cuando la narración se demora en descripciones y reflexiones, de tal modo que los acontecimientos son escasos.

6.-El espacio:

El espacio es el componente narrativo que se refiere al lugar en el que se desarrolla la acción y por el que se mueven los personajes.

Espacio real: Corresponde con lugares auténticos e identificables.
Espacio imaginario: No existe en la realidad pero ha sido creado a partir de lugares similares de la realidad. Aunque no es auténtico, contiene elementos reales o posibles.
Espacio fantástico: No existe ni tiene relación con espacios reales.

Cuento: Es una narración breve de una acción fingida en todo o en parte. Su brevedad obliga a presentar las historias de manera condensada. El cuento se aleja de la novela, por ejemplo, en menor número de personajes, el espacio –que es imaginario- y elementos argumentales muy sencillos pero repetitivos (Cuentos de la selva de Horacio Quiroga)
Leyenda: Es un relato de ficción que tiene su origen en un hecho histórico o seudohistórico en el que intervienen acontecimientos fantásticos (Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer)
Apólogo: Es  un cuento que transmite códigos de conducta y normas morales. Terminará siempre con una enseñanza denominada moraleja. Durante la Edad Media recibieron el nombre de exiemplos (El conde Lucanor, de Juan Manuel)
Epístola: Aborda un tema doctrinal, filosófico-moral o satírico, adoptando la forma de una carta con destinatario explícito. La epístola escrita en verso fue muy cultivada en la literatura española de los siglos XVI, XVII y XVIII.
Fábula: Exponen anécdotas mediante la personificación de animales como protagonistas. Terminan siempre con una enseñanza o moraleja. Famosos por sus fábulas son Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego.
Ensayo: Es un texto a través del cual el autor se dirige a un público muy amplio para exponer y defender su actitud ante una cuestión determinada. El lenguaje utilizado busca la exposición  original de ideas y la riqueza del estilo. El ensayo alcanzó momentos de esplendor en la literatura española del siglo XVIII y con la Generación del 98.

Género dramático o teatral:

Sus textos se caracterizan por estar escritos para ser representados, no leídos. Presenta el texto a través del diálogo directo de los personajes. Estos diálogos pueden aparecer escritos en prosa (Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo) o en verso (Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas)
Otros elementos caracterizadores del texto teatral son las acotaciones y los apartes. Los primeros sirven para informar acerca de los movimientos de los personajes, sus sentimientos, actitudes y sobre el tiempo y el espacio en el que se desarrolla la acción. Los segundos reproducen lo que piensan los personajes para que el lector entienda  mejor el desarrollo del texto.
Se consideran pertenecientes a este género los textos en que las acciones son presentadas directamente a través del diálogo de los personajes.
Los diálogos teatrales pueden aparecen en prosa o en verso.
Los textos teatrales presentan una peculiaridad están pensados para ser representados. Las observaciones de cómo se debe interpretar la obra se indican a través de las acotaciones. Estas acotaciones teatrales aclaran las actitudes y movimientos de los personajes durante la representación teatral.

Subgéneros teatrales mayores

Tragedia: Los personajes generalmente de una elevada condición social, luchan contra su destino, ante el que sucumben. La  tragedia clásica estaba escrita en verso y su protagonista era un héroe mitológico. La moderna alcanzó un periodo de esplendor en Inglaterra en los siglos XVI y XVII con la obra de William Shakespeare.
Comedia: Los personajes representan acciones de la vida cotidiana tratadas de manera cómica. Los conflictos se resuelven en un final feliz.
Drama: Comparte rasgos con la tragedia y la comedia. Presenta un conflicto doloroso
pero admite escenas cómicas. Cuando el conflicto se plantea de modo colectivo o trata aspectos de la vida social y laboral se domina drama social.
 
Subgéneros teatrales menores:

Auto sacramental: Pieza breve, de un acto, de carácter religioso y alegórico que termina con la exaltación de la Eucaristía.
Entremés: Obra corta que se representa durante el siglo XVII en los entreactos de las comedias largas. Cervantes fue el maestro del género.
Sainete: Pieza breve, con personajes populares, que desarrollan una acción cómica en un ambiente claramente costumbrista. Don Quintín el amargao, de Carlos Arniches, es una buena muestra del género.

martes, 11 de marzo de 2014

Diez años después

 
 
 
 

Porque  aunque pase el tiempo
aquellos que quedaron no volverán,
aunque giren las sombras vacías
y busquemos siluetas alargadas
llorando cada día un poco
y al siguiente un poco más
aquellos que se fueron no volverán.
Se ausentaron despacio dejando vidas inacabadas:
el niño que jugaba a ser coronel
la que fuera su madre
o el que creyó ser su padre,
el que apostó por ser un buen abuelo
o la mejor de las mujeres por ser abuela,
todos sin rumbo instruido
para  no volver a empezar.
Lágrimas, oraciones,
alguna flor, alguna vela, alguna mentira,
todo realidad.
Melodías dosificadas en cápsulas de plástico,
ilusiones transmutadas en voladuras de hierro,
sentimientos dilatados esperando una razón,
jugos adulterados que convierten la fruta fresca,
pero, aquellos que se marcharon no volverán.
Se sufre más si se recuerda menos,
se sufre menos si no se olvida,
diez años después 
continúa  en nuestra memoria.

 

domingo, 2 de marzo de 2014

Los géneros narrativos: la novela




La novela es un género complejo, híbrido y en continua evolución. En los siglos pasados tenía unas características específicas, pero en nuestra época sólo podemos decir que consiste en un texto de cierta extensión y que está escrito en prosa. Aparte de eso, la peculiaridad de la novela actual es la libertad,  una libertad que, si bien restringe nuestra capacidad de “explicarla”, de guardarla en el armario de la lógica, le da alas  y convierte a este género en uno de los mayores retos para cualquier escritor.
El siglo de la novela es esencialmente el siglo XIX, un siglo de novelistas-entomólogos, que analizan sus sociedades con microscopio que se introduce en el laberinto psicológico de los personajes, y todo ello sin dejar de retratar la historia de sus pueblos.

Según Balzac: “La novela es la historia privada de las naciones”

En el siglo XX la realidad da otra vuelta de tuerca.

Según Freud: “En cada ser humano hay un yo oculto, que domina muchas de nuestras reacciones: el inconsciente”
Por otro lado la sociedad ha pasado del campo a la ciudad y ha dado lugar a una nueva clase social: el proletariado. El poder de la Aristocracia se reduce a lo simbólico; la burguesía es la fuente del dinero y, por lo tanto, del poder. Y la novela, vuelve a adaptarse a los tiempos que corren y así James Joyce, Virginia Woolf, William Faulkner, entre otros, intentan cazar con la red palabras el inquieto flujo de la conciencia de los seres humanos.
Mucho después en los años sesenta, los novelistas rompen aún más las estructuras y las formas, y la novela se convierte en un campo de experimentación y de juego. La percepción de la realidad en el siglo XX no es sólida, sino líquida, va vertiéndose en moldes diferentes, se transmuta, cambia de piel, nace y muere, para intentar atrapar ese movimiento continuo. La novela huye de la mentira del realismo, y busco formas que reflejan esa constante transmutación, ese cambio y eses conflicto permanente al que es sometido el hombre del siglo XX.

Según Mario Benedetti: “A medida que la vida se vuelve mecánica, apretada, veloz, la novela incorpora procedimientos (del periodismo, del teatro, del cine, del psicoanálisis) que le permiten sostener su impresión de artificio, de su simultaneidad, de nervioso vaivén”

Según Julio Cortázar: “La novela es un monstruo al que el escritor intenta domesticar mediante su esfuerzo creativo”
La novela a diferencia del cuento o del poema cuyo rasgo fundamental es la intensidad requiere del escritor un compromiso largo y sostenido, que se mantiene durante meses, años, en algunos casos décadas, y que nos permite el juego del cuento, o dicho de otro modo “el entrar y salir”

Construcción de la novela

Podríamos decir que la idea es el concepto general que cohesiona la novela. La idea es lo abstracto, lo general, aquello de lo que se parte. La idea del Quijote, por ejemplo sería la ambigüedad de la realidad entre la locura y la cordura.

El argumento es un desarrollo concreto de la idea. El argumento del Quijote, muy resumido es más o menos el siguiente:

Un hidalgo manchego llamado Alonso Quijano enloquece a causa de su afición por la lectura de libros de caballerías y se convierte en un caballero andante, “deshacedor” de entuertos. El argumento sería una visión muy general de la historia, lo que solemos contar cuando vemos una película y luego alguien nos pregunta de qué va. El material del que está hecho el esqueleto de la novela, es la historia que se cuenta. La novela siempre narra una historia.
La forma clásica de la división de una novela son los capítulos. Cada capítulo integra una unidad de lectura que a su vez posee una unidad narrativa. La división en capítulos nos ayuda a variar el tema, a mantener la intriga, a pasar de una trama a una subtrama y a manejar el tiempo. Cada capítulo es una pieza del puzzle y debe estar integrado en la estructura general para que el lector, al unirlas, termine formando la imagen que el novelista ha dibujado para él.
La novela no refiere sólo una historia, como sucede con el cuento, sino que está trenzada con otras pequeñas historias –las de los personajes secundarios- que colaboran entre sí para sostener a la principal. Estos subargumentos o tramas secundarias deben apoyar la idea central de la novela y facilitar su desarrollo.
 
La novela corta

Entre la novela y el cuento existe un puente que proporciona al escritor un camino distinto, que acoge algunas características del cuento y otras de la novela. Muchos autores de narraciones han optado alguna vez por esa posibilidad rica y diversa pero poco conocida: la novela corta.

El cuento, que debe tener entre 2000 y 30000 palabras (el cuento corto entre 100 y 2000)
La novela con un mínimo de 50000 palabras.
Y la novela corta entre 30000 y 50000 palabras.
La novela corta se encuentra a medio camino entre el cuento y la novela, pero no solo en cuanto a la extensión, sino también en cuanto a las características.
La novela corta conserva parte de la intensidad del cuento, de su espíritu de mundo cerrado esférico, también toma de la novela la capacidad de desarrollo de la trama y el proceso evolutivo de los personajes; y sin embargo conserva del cuento la trama única y el tono uniforme del narrador.
La novela corta aunque menos famosa, menos comercial y menos leída en nuestra época, proporciona al escritor una oportunidad más de expresión, un molde lleno de posibilidades. Porque a veces el desarrollo de una idea requiere más espacio que un cuento y menos que una novela. Y no sólo espacio, sino también aquellas características que hemos enumerado antes y que dan a la novela corta el rasgo  de tercera vía, permitiendo al escritor dejar “respirar” a su historia, sin hincharla artificialmente ni mutilarla en su esencia.

RECURSOS Y JUEGOS LINGÜÍSTICOS
 
La metáfora III
El contexto en el que nuestras metáforas van a desarrollarse es muy importante, porque no es lo mismo incluir metáforas en un poema que en un texto narrativo. La poesía es a veces metáfora pura, pues su ritmo y su finalidad evocadora integran esta figura literaria en su estructura de manera constante. Pero cuando escribimos en prosa, la metáfora debe aplicarse de manera muy diferente.

Para terminar con la metáfora, veamos algunos consejos sobre cómo utilizar al escribir narrativa:

Hay que huir del exceso de metáforas. Una metáfora es narrativa tiene valor no sólo por su belleza, sino porque apoya aquello que se está contando, porque nos enseña un nuevo matiz de lo que se narra. Si enlazamos una metáfora detrás de otra en un texto narrativo, éste terminará siendo enrevesamiento poético, es decir, poco eficaz como relato.
Una metáfora bien hallada vale más que diez mediocres, y cuando hablamos de metáforas mediocres nos referimos a aquellas que recurren a lugares comunes, esas metáforas, oídas, escritas, leídas miles de veces. Hay que “transportar más lejos las palabras”, no quedarse en lo obvio, sino buscar aquella analogía original que expanda el término real y que lo lleve a un nuevo lugar, a un lugar donde ese término nunca ha estado.

Ejercicio

Intentar elaborar una lista de metáforas
Escoger la que más guste y escribir un texto con lo que esa metáfora sugiera. No hay que pararse a pensar, hay que escribir lo primero que vega a la cabeza lo que surja directamente de esa imagen, pero sin incluir esa metáfora.
Cuando el texto esté escrito y corregido, entonces incluirla.
 
LECTURAS RECOMENDADAS

La Regenta (Leopoldo Alas Clarín)
Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)
La metamorfosis (Franz Kafka)
El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad)

PROPUESTA DE EJERCICIO

Recordar una historia real, algo que haya sucedido. No sirve una anécdota, debe ser  una historia con un principio, un desarrollo y un final.

Hay que hacer dos cosas:
En primer lugar, redactar el argumento, la línea principal de la acción.
Después, elaborar un esquema con las subtramas que surgirán de esta historia principal si se decidiera narrarla.
La novela es como un árbol:
La historia principal conforma el tronco; las subtramas que la integran ejercen la función de ramas, y éstas no son autónomas, sino que están conectadas entre sí, se alimentan de la misma savia y dependen de su tronco.

Se aconseja dibujar un árbol:
Tronco-personajes y la trama principal
Ramas- los personajes secundarios y las subtramas.
 
 
 
 

viernes, 28 de febrero de 2014

La nada extensa

 

Dicen las lenguas flojas,
las malas y las buenas,
las indiferentes y las que conozco,
las ignorantes, las sueltas,
las azules y las moradas,
que eres hielo en horas de oficina
y un cargo de conciencia el resto del tiempo.
Hay quien cuenta
que tu pulso se congeló
al oír los tientos de la soledad,
que los besos blandos
sonríen al compás de tu memoria,
que los encuentros no vividos aún,
son manchas indelebles.
Y de pronto
un claro a lo lejos,
un punto difuminado
en medio de la nada extensa le conoces,
y así comenzó todo.
 
  
 

domingo, 23 de febrero de 2014

Los géneros narrativos: el cuento y la novela



Hasta ahora se ha hablado del narrador, o sea, de aquel que cuenta la historia, y del estilo, es decir, de cómo está contada. Ahora se especificarán las variaciones que se establecen entre los dos grandes géneros narrativos: El cuento y la novela.

El cuento:

Durante mucho tiempo, la palabra “cuento” definía las fábulas orales y escritos destinados a los más pequeños. La palabra “relato” por otra parte se refería a la narración corta destinada al lector adulto. Hoy se utilizan los dos términos –relato corto y cuento- para designar lo mismo, aunque conviene aclararlo, ya que, aún hoy el término “cuento” sigue prestándose a confusión. Aquí hemos elegido el término “cuento” para definir la narración corta; de hecho, a veces empleamos la palabra “relato” referida a una narración en general, al igual, que utilizamos “texto” o “historia”
Las definiciones del cuento, que han ido variando a lo largo de los siglos, son en la actualidad muy variadas; no podía ser de otra forma tratándose de un género tan antiguo, que tiene sus raíces en la tradición oral, y que procede de regiones geográficas tan diversas.
El cuento es breve, intenso e incisivo; profundiza en un solo punto, ahondando en la historia; es un torrente de aguas rápidas y sin remansos, aguas que llevan al lector casi en volandas hasta el final del relato. En cambio, la novela es un río en el que confluyen otros afluentes –tramas complementarias y personajes secundarios- que nos permiten variar el ritmo, movernos con mayor libertad.
En un relato nada sobra, los ornamentos estarían de más. El cuento es una línea ascendente y todos sus elementos colaboran entre sí para formar un crescendo hasta el desenlace, que debe constituir una descarga de energía continua a lo largo del relato. Cuando esa maquinaria funciona, entonces el relato posee una capacidad de “succión” sobre el lector.
Esa captación absoluta de la atención del lector no se puede conseguir a lo largo de doscientas páginas, pero si en cinco, en diez o en quince. Gran parte del éxito del cuento depende de las aptitudes narrativas de cada uno, pero hay también una parte de oficio en el arte de escribir cuentos.

La estructura del cuento
Dos características dan al cuento esa capacidad de imán al lector:

-Unidad

-Intensidad

 La unidad

 “El cuento se caracteriza por la unidad de impresión que produce en el lector; puede ser leído de una sola sentada; cada palabra contribuye al efecto que el escrito previamente se ha propuesto, y ese efecto debe ya prepararse desde la primera fase y graduarse hasta el final; cuando llega a su punto culminante el cuento debe terminar, sólo deben aparecer personajes que sean necesarios para provocar el efecto deseado” Edgar Allan Poe.
En el relato solo cabe una historia. La mirada del lector se centra en unos personajes desde el principio y la tensión gira alrededor de un solo conflicto.
De esa unidad se encarga también el narrador: mantener un mismo tono durante todo el relato ayuda a crear esa atmósfera que solidifica, que une entre sí toda la narración.
La narración corta se desarrolla con una sola voz que todo lo cohesiona en el espacio del relato, en esa atmósfera única, cerrada y redonda.
El ritmo único es también imprescindible para conseguir la unidad.

En palabras de Truman Capote:

“Un cuento puede ser arruinado por un ritmo defectuoso en una oración –especialmente al final- o por un error en la división de los párrafos y hasta en la puntuación”

 La intensidad

La esencia del cuento es la intensidad. En un buen cuento, todo está concentrado; no sólo se han eliminado personajes o tramos laterales, sino también aquello que resulta accesorio.
Se puede decir que lo accesorio en el cuento es todo aquello que no está al servicio de la historia, que no sirve para caracterizar a los personajes o para desarrollar la acción.
Una de las palabras clave que debemos tener en la menta al escribir narraciones cortas es “seleccionar” una palabra con forma de tijeras.
Omitir es otra de las leyes que rigen los buenos relatos: no contarlo todo es una forma de seducción. Pues uno seduce al lector con sugerencias, enseña una parte y guarda otra que el lector reconstruye en su imaginación y, eso también forma parte de la selección.
Omitir no significa oscurecer el cuento, ya que, si mutilamos datos esenciales de la historia, ésta no se entiende. Cuando leemos un buen relato, la trama está clara en nuestra mente: sabemos lo que ha sucedido en ese breve e intenso espacio del cuento y, sin embargo, algunos de esos sucesos no se nos han contado de una forma directa. Eso es debido a que alguno de ellos pertenece a la historia oculta.
Se dice que en el cuento fluyen siempre dos historias:
Una, la anécdota de lo que se nos cuenta.
Dos, la invisible, la cifrada.
El escritor de cuentos teje con dos hilos uno blanco y otro negro. El hilo blanco –la historia 1- suele ser lo cotidiano, la anécdota, los días que se suceden, la historia evidente. El hilo negro –la historia 2- es lo secreto que se teje bajo la superficie que está hilado por esas pequeñas cosas que nos inquietan en medio de lo cotidiano.
La historia que  importa, aquella que quiere referirnos el escritor, la historia 2, se cuenta de forma cifrada entre los intersticios de la historia evidente, de la historia 1.
La tensión en el cuento va in crescendo desde el principio, es una línea ascendente en intensidad, de tal forma que el desenlace debe ser una descarga de energía contenida.
El efecto sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.
En realidad lo que estamos haciendo es crear intriga en el lector.
El escritor tiene en sus manos la información y su estrategia debe consistir por un lado en entregar con parsimonia esa información y por otro crear estímulos, expectativas sobre la misma.
Tejer con dos hilos no es tarea fácil. Cada uno está fabricado de un metal distinto: uno, solido y detallado; otro, sutil e invisible.

A continuación Ricardo Piglia analiza más detalladamente la tesis de las dos historias en el link de su artículo

RECURSOS Y JUEGOS LINGUISTICOS

La metáfora II:

Volvemos a la metáfora, a ese medio de “transportar” las palabras. Hablemos ahora de las relaciones de semejanza, y para ello hay que empezar recordando una de las definiciones de metáfora más comunes.
La metáfora designa un objeto mediante otro que tiene con el primero una relación de semejanza.
La metáfora es la transformación  de dos conceptos en algo nuevo, diferente.
La metáfora no se presta a clasificaciones cerradas a no ser que los mutilemos; asi que hemos escogido solo los casos más usuales de relación de semejanzas.

-Semejanza física entre dos términos
Cabellos de oro
Cabellos rubios= color amarillo
Oro= metal amarillo
El color amarillo establece la relación de semejanza física.

-Semejanza psicológica o espiritual entre dos términos
Es un tiburón de las finanzas

-Semejanza de comportamiento entre dos términos
La vejez es el crepúsculo de la vida
La semejanza se establece entre los dos términos por una similitud de comportamientos.
El crepúsculo es el final del día, y la vejez el final de la vida.

-Afinidad de valor
Marta es una alhaja.

Ejercicio

Buscar una metáfora de cada uno de los tipos de relación.

 LECTURAS RECOMENDADAS

La señora del perrito y otros cuentos (Antonio Chéjov)
Los muertos (del volumen Dublineses) (James Joyce)
El Sur (del volumen Ficciones) (Jorge Luis Borges)
Bestiario (del volumen Bestiario) (Julio Cortázar)

PROPUESTA DE EJERCICIO

Leer el relato del enlace de Roald Dhal “La subida al cielo” subrayar los puntos en los que aparece la historia 2. Analizar las actitudes que adoptan los personajes, las omisiones de las que se ha servido el narrador y los avisos de que “no todo es lo que parece”, o sea, todo lo que nos facilite los datos necesarios para reconstruir, al final, la historia del asesinato.
 

 

viernes, 14 de febrero de 2014

Siento


 
He vuelto a sentirlo
y siento como se afianza,
igual que una gota de aire
luchando por no caerse,
como una página vacía
jugando a ser la primera
o como los renglones inclinados
de un libro que no se vende.
Un beso limpio de intención
mueve las manecillas de un reloj muerto,
una caricia sincera
recoge las ausencias del vivir deprisa.
Ahora he vuelto a sentirlo
y siento como se relaja,
igual que la tierra que llega
después de un mala faena,
como el niño que ve la luz
tras largos momentos de inexistencia
o como las flores alegres saludan al crepúsculo
ahuyentando a los rayos del sol.
Y lo sigo sintiendo
y siento como se intensifica,
igual que una necesidad de olvidar sin hacerlo,
como un volcán a punto de derramar su ira,
o como el ascua que se arrima
y prende un corazón apagado.
El sexo sin prisas
calma las ansias insatisfechas,
palabras susurradas en un buen momento
modifican la trayectoria de lo que pudo ser.
Pero yo lo sigo sintiendo.
 
                                                        

domingo, 9 de febrero de 2014

El estilo. El uso del lenguaje II



 
Cuando la narración está bien desarrollada, uno no nota que el texto está dividido en párrafos; uno no nota nada está metido en la historia y ya está. Con los textos sucede lo mismo que con las catedrales góticas, con su estructura ingrávida, suspendida en el aire: uno no debe percibir su estructura sino deslizarse por ellos. Uno tiene que poder meterse en la historia de tal manera que toda esa arquitectura se vuelva invisible. Entonces el lector ya no ve palabras, ni frases, ni párrafos, ve personas, lugares, acciones, diálogos, vive dentro del relato. El texto parece espontáneamente fluido, navegable; el lector no tiene que hacer esfuerzos por seguir el hilo de la trama sino que se sumerge en ella. Una de las claves para dar vida a nuestro mundo de ficción, para hacerlo vivido es el detalle. El mundo que creemos debe ser “visible” a los ojos del lector, así que el escritor debe recrearlo a través de esos pequeños detalles que forman también el mundo real. En la vida real todo está lleno, plagado de detalles, de pequeñas cosas que perfilan lo que nos rodea. Para conseguir esa ficción vivida, verosímil, debemos construir nuestro mundo definiéndolo bien, particularizándolo, seleccionando esos detalles especiales que caracterizan un espacio, un personaje, una situación...
 
Hay que escribir detallando, concretando nuestro mundo de ficción. Pero no se trata de acumular detalles a la vista del lector como si montáramos un mercadillo repleto de pequeños objetos brillantes de cualquier procedencia; por el contrario, los detalles deben elegirse con cuidado. A menudo se necesita sólo un par de pinceladas para definir, por ejemplo, un personaje.
 
Con los espacios sucede lo mismo: al describir una habitación, por ejemplo, el escritor suele elegir aquellos detalles que definen, al mismo tiempo, al personaje que habita. Otras veces, la descripción  y la selección de esos detalles revelan atisbos del estado de ánimo del que narra, o de sus características psicológicas.
 
Nuestros espacios, nuestros personajes, deben respirar, atravesar el papel para tener la capacidad de sacarnos de la realidad. Esos pequeños y bien elegidos detalles son las piedrecillas blancas que vamos dejando cuidadosamente a lo largo del camino para que el lector nos siga.
 
Además de esos sutiles detalles, para hacer más vividos nuestros relatos también necesitamos mostrar a los personajes en acción.
 
Los adjetivos que definen los comportamientos o los estados de ánimos del personaje son abstractos. Debemos concretar como se encuentra el personaje exactamente. Verle en acción nos ayudará a crear ese “sueño” de veracidad, esa apariencia de realidad que necesitamos al escribir.
 
Mostrar a los personajes en acción apoya la verosimilitud y la plasticidad de la narración.
 
Esta última parte se ha analizado el detalle, a mostrar con hechos concretos los estados anímicos y la personalidad de los personajes; se ha intentado, en definitiva, que el escritor que se inicia huya de la abstracción, de las palabras grandilocuentes que no significan nada, precisamente por la amplitud de su significado: tristeza, felicidad, destino... El escritor novel tiende más a lo abstracto que a lo concreto, a decir que a mostrar; tal vez porque, cuando se empieza a escribir, el texto no está bien definido en la mente, el autor no lo “ve”.
 
Para evitar bloqueos: a la hora de crear, de inventar la historia, lo mejor e dejar volar la imaginación, no preocuparse en exceso de los problemas sintácticos ni de aspectos lingüísticos. Cuando uno tiene la historia ya “hecha”, comienza a verla, a saber qué es exactamente lo que quiere reflejar en ella, y es en ese momento, en el de la corrección, cuando el escritor debe asumir el control del texto, pulirlo, perfeccionarlo, “salir” de él y observarlo con objetividad.
 
Concretar, detallar, mostrar... construir, una narración plástica, vívida; sí, pero ello no quiere decir que no pueda utilizarse exposiciones generales o reflexiones abstractas sobre lo que se está narrando. Si lo concreto, lo pequeño, nos ayuda a reflejar lo abstracto, también a menudo ocurre lo contrario.
 
El escritor debe mantener un equilibrio entre lo general y lo concreto, de tal forma que, a la vez que consigue una narración plástica, sensorial, tampoco renuncie a la reflexión que dé un sentido, que “enfoque”, a lo que está contando. Definir ese equilibrio es difícil; pues, como ya se ha dicho otras veces, cada escritor es un mundo y asumirá ese equilibrio de una forma diferente. Debemos tenerlo en cuenta cuando leamos, fijándonos en qué medida combinan lo concreto y lo abstracto aquellos textos que más nos gusten. Entender el entramado de los maestros nos ayudará a la hora de elaborar nuestros escritos.
 
En cada frase hay que crear una expectativa que anuncie la frase siguiente y se resuelva en ella. Luis Landero
 
La raíz de todo el asunto se encuentra en el hecho de que, cuando un escritor es joven, siente de alguna manera que va a decir algo más bien tonto y obvio o un lugar común, y entonces trata de esconderlo bajo ornamentos barrocos, bajo palabras de escritores del siglo XVII; o si trata de ser moderno, hace lo contrario: inventa palabras continuamente o hace alusión a aeroplanos, a trenes, al teléfono o al telégrafo, puesto que se esfuerza para parecer moderno. Después, a medida que pasa el tiempo, uno siente que las ideas, buenas o malas, se deben expresar, simplemente, porque si se tiene una hay que intentar introducir esa idea o ese estado de ánimo en la cabeza del lector. Jorge Luis Borges.

RECURSOS Y JUEGOS LINGÜÍSTICOS

La metáfora:

La metáfora, como la comparación, asocia dos términos que presentan una relación de analogía: uno es real, el otro imaginario; pero la metáfora suprime la comparación directa, el “como”, el intermediario y recurre a la alegoría.
 
La metáfora no es simplemente una comparación a la que se le ha suprimido el término gramatical de relación; la metáfora va mucho más allá.
 
Nuestras emociones son abstractas, imprecisas, reacias a tomar forma en la mente. La sensibilidad del lector añadirá a esa aleación entre dos términos todo lo que su sensibilidad, sus recuerdos y su percepción le permitan: la metáfora es una puerta abierta a la evocación del lector.
 
La metáfora nace para luchar contra las fronteras del lenguaje, para subsanar nuestra incapacidad lingüística a la hora de nombrar lo abstracto.
 
Así que podemos decir que la metáfora es el medio de transporte de las palabras, que sirve para cruzar las fronteras de lo inexpresable y que, por tanto, es un mecanismo que nos permite expandir el territorio de lo comunicable.

Ejercicio
En un taller de escritura un grupo de niños escribió las siguiente metáforas a una serie de palabras.
El carnaval
Una bicicleta sin manubrio de todos los colores
La lluvia
El susto de los gatos
La verdad
Un reloj dando las doce en punto
La mentira
Un saco con los bolsillos rotos
La muerte.
Una cosa sin puertas
La abuela
Un árbol perdiendo las hojas.
La selva
Un león alegre
Al igual que hicieron esos niños, dejar volar la imaginación e inventar metáforas con las siguientes palabras:
-El mar
-La tristeza
-La alegría
-La noche
-La luna
-El inverno
-La tormenta

LECTURAS RECOMENDADAS

LA PROSA ( Enrique Anderson Imbert)
POETICA (Aristóteles)
EJERCICIOS DE ESTILO (Raymond Queneau)
ESCRITORES ANTE EL ESPEJO (Anthony Percival)

PROPUESTA DE EJERCICIO

Describir a una persona de su entorno: no sólo cómo es física y psicológicamente, sino a través de sus gestos (su forma de mover la cabeza, de mirar, de hablar, etc.) Una vez hecha esa descripción, subraye los detalles del personaje que le parezcan más importantes, aquellos que mejor lo definen y caracterizan. Luego reescribir la descripción en un sólo párrafo, utilizando únicamente los detalles que ha escogido.
Haga lo mismo con una parte de su casa (dormitorio, salón...): descríbala detalladamente, y después elegir  sólo los rasgos que, a su entender, son los que mejor reflejan y personalizan ese espacio. Reescribirlo, como en el ejercicio anterior, en un sólo párrafo.