Terciopelo verde entre agujeros blancos
Foto de Rosa Cuando mi abuela decidió irse a vivir con nosotros al pueblo, mi abuelo tenía la cabeza llena de agujeros blancos. Andrés apenas un año atrás gozaba de un cargo importante, pero sus precipitadas lagunas le apartaron de los lujos y placeres que el estatus en la empresa le aseguraban. Hasta de su piel se habían borrado los instantes ocultos vividos con Paula. Para mi abuela tampoco había sido fácil. Tuvo que renunciar a ciertos caprichos que ya no se podía permitir, peluquería, manicura, spa, y café con pastas en el bar de Sofía. Y es que era demasiado tiempo el que tenía que dedicarle a Andrés, siempre preocupada, siempre pendiente, siempre aquí y siempre allí. Carmencita, como él la llamaba, era una mujer entregada, toda su vida se la había dedicado a él; antes y después de que empezasen los largos recorridos por la nada. No sería ahora cuando le fuera a dar la espalda. Había decidido con serenidad y determinación convertirse en la línea conductora de sus paso...