La poesía es
una necesidad que la mente humana ha construido y organizado para poder
entender y soportar la complejidad y los misterios de la existencia. Preguntar
por la utilidad de la poesía es como preguntar por la utilidad del aire. La
poesía no es útil, es imprescindible. Uno de los principales vehículos que
permiten transportar la poesía en estado puro, es la música. La música, el arte
más etéreo y universal, ha sido el caldo de cultivo en donde la poesía se ha
desarrollado con más libertad y riqueza. Al fin y al cabo, música y poesía no
son más que partes de un todo; son parientes tan cercanos que casi son
“inseparables”: ambas tienen contenido, continente, ritmo, sustancia,
desarrollo y melodía. Ambas son inexplicables; un verdadero logro de inteligencia.
La música ha estado presente en las
manifestaciones literarias más antiguas que se conservan, desde las jarchas arábigo-andaluzas
del siglo X.
El verso está
impregnado de toda una serie de mecanismos y resortes que lo dotan den un
timbre especial.
El primer
instrumento musical que se conoce, el más antiguo y común a todas las culturas,
no es otro que la voz humana.
La palabra y
la música parten de la misma fuente: la voz.
Tanto la
música como la poesía son artes que evolucionan de una manera lineal, es decir,
que no pueden contemplarse ni disfrutarse de manera global, sino que nos
obligan a esperar y a seguir su desarrollo como si de una narración se tratara.
La magia de
la música consiste en que “comunica” saltándose todos los obstáculos que de
manera inevitable arrastra la utilización de una lengua tal y como normalmente
lo entendemos.
Afortunadamente,
la diferencia entre lo culto y lo
popular hoy día casi ha desaparecido.
La canción,
las canciones, tal y como las conocemos, son la fórmula por antonomasia que
alberga música y poesía en una simbiosis perfecta.
Una canción
no es más que una melodía acompañada de una historia o episodio escrito, es
decir, lo que comúnmente conocemos por “letra”
Sin embargo, la letra que acompaña a la música no tiene por qué ser poesía. El
texto que rellena una melodía o un pasaje musical no adquiere la categoría por
el simple hecho de estar arropado por la música. Aquí aparece otra vez el
poeta, el artesano y el creador habitando una misma persona. Para que el texto que
acompaña a la música en cuestión sea poesía, tiene necesariamente que elevarse
a la categoría de poema, así de sencillo.
Saltando en
el tiempo y llegando hasta nuestros días habría que detenerse concienzudamente
en los cantautores.
Los cantautores
son aquellos artistas que cumplen y conciben los oficios de poeta y músico.
Estos músicos poetas o poetas musicales, dominan a la par las dos disciplinas y
las concilian de una forma verdaderamente efectiva.
De igual
manera los cantautores han sabido pedir prestados grandes poemas de
personalidades estrictamente literarias de poetas de ayer y de hoy.
Joan Manuel
Serrat cuenta con una importante aportación de este sentido.
Además de
contar con una importante producción propia como letrista, ha sabido conectar
perfectamente con el espíritu y la idea de esos autores, enriqueciendo con su
música el ya enorme potencial de los poemas.
La
composición musical, como la poesía cuenta con numerosos recursos para alcanzar
su objetivo. Cuando la poesía y la música se alían en una canción, no basta con
la mera incrustación de un texto en una melodía. El apoyo que la música puede
ofrecer el poema más allá de lo que puede entenderse como “apoyo decorativo”.
Ni la música
puede ser un decorado para el poema, ni el poema para la música. Los pasajes
musicales que se extienden a lo largo de una buena canción no actúan como
relleno, sino como complemento absolutamente necesario para la buena
comprensión y transmisión de ideas y sentimientos.
Los nuevos
sonidos del siglo XX, el Jazz y el rock fundamentalmente, abrieron caminos
expresivos en los que la poesía ocupó un lugar de honor como canal de
comunicación entre la cultura y la sociedad.
Aparecieron
los llamados “poetas del rock” una serie de personalidades carismáticas que ya
no solo se conformaban con ganarse la vida animando fiestas y verbenas, sino
que aplicaron su talento intelectual y sus conocimientos a transmitir mensajes
plenos de contenido. Entendieron la poesía, no como una forma de expresión
refinada y elegante, sino como un medio de conexión entre la cultura y la
sociedad.
RECURSOS Y
JUEGOS POÉTICOS
La poesía
fonética: El sonido de las palabras
Así como los
caligramas integraban palabras e imágenes, nos vamos a centrar ahora en una
poesía que une una palabra y música, la llamaremos poesía fonética.
En este tipo
de composiciones el sonido importa más que el significado en sí. Son poemas que
crean el ritmo por medio de la resonancia de los vocablos.
Este tipo de
poesía se basa principalmente en dos figuras retóricas: la aliteración
(reiteración y proximidad de sonidos semejantes) y la onomatopeya (aquellas
palabras que sugieren acústicamente una acción, por ejemplo “zigzaguear” y
también el juego de palabras y los neologismos.
Partiendo de
una palabra: “golondrina” Se inventa otras muchas derivadas de ésta, combinando
fonemas que pertenecen a otros términos
y dando a estas palabras significados nuevos.
Se crea un
ritmo en la poesía repitiendo continuamente fonemas, lo que produce
aliteración:
-Intercambiando
algunos de los fonemas de dos palabras:
Ejemplos:
El horizonte
y la montaña= el horitaña y la montazonte
La golondrina
y el violoncelo= La violondrina y el goloncelo.
-Sustituyendo
los fonemas finales de una palabra por un sustantivo o un verbo:
Golon+rina=Golonrina
Golon+lira=Golonlira
Golon+niña=Golonnniña
Golon+gira=Golongira
La
paranomasia consiste en colocar próximos en una misma frase sonidos
fonéticamente parecidos.
La
jitanjáfora:
En todo texto
lírico cuyo sentido es puramente sonoro, es decir, lo importante es el sonido
de las palabras y no su significado. Tanto es así que algunas jitanjáforas no
cuentan ni siquiera con una sola palabra no inventada.
En nuestro
diccionario podemos encontrar palabras cuyo valor es fonético y no semántico:
Zurriburri, birlibirloque, tenguerengue, zipizape, bóbilis, zorrocloco,
recancamusas…
Son palabras
que mezclar aliteración con la onomatopeya (la diferencia con la onomatopeya
que conocemos está en que la acción que sugieren esas palabras debe ser
inventada por el oyente.
Ejercicio
Concentrar en
el sonido y escribir tres poemas:
Primer poema:
Elegir una palabra y combinar sus primeros fonemas con otras palabras.
Segundo
poema: Buscar palabras parecidas fonéticamente par escribir versos.
Tercer poema:
Inventar un lenguaje nuevo para escribir una jitanjáfora. Pensar en que se
quiere contar y qué sonidos convienen al tema.
LECTURAS
RECOMENDADAS
PROPUESTA DE
EJERCICIO
Elegir una
canción del cantautor favorito. Estudiar el número de estrofas que lo componen.
Olvidar el tema de la canción. Estudiar la rima y hacer un esquema. Rehacer la
letra utilizando la misma estructura. El tema será la descripción del entorno
(barrio, pueblo, urbanización…) incluyendo vecinos y animales de compañía.
Tono
divertido y sarcástico.
La letra
contendrá un calambur, una onomatopeya, una hipérbole y una metáfora como
mínimo.