domingo, 23 de febrero de 2014

Los géneros narrativos: el cuento y la novela



Hasta ahora se ha hablado del narrador, o sea, de aquel que cuenta la historia, y del estilo, es decir, de cómo está contada. Ahora se especificarán las variaciones que se establecen entre los dos grandes géneros narrativos: El cuento y la novela.

El cuento:

Durante mucho tiempo, la palabra “cuento” definía las fábulas orales y escritos destinados a los más pequeños. La palabra “relato” por otra parte se refería a la narración corta destinada al lector adulto. Hoy se utilizan los dos términos –relato corto y cuento- para designar lo mismo, aunque conviene aclararlo, ya que, aún hoy el término “cuento” sigue prestándose a confusión. Aquí hemos elegido el término “cuento” para definir la narración corta; de hecho, a veces empleamos la palabra “relato” referida a una narración en general, al igual, que utilizamos “texto” o “historia”
Las definiciones del cuento, que han ido variando a lo largo de los siglos, son en la actualidad muy variadas; no podía ser de otra forma tratándose de un género tan antiguo, que tiene sus raíces en la tradición oral, y que procede de regiones geográficas tan diversas.
El cuento es breve, intenso e incisivo; profundiza en un solo punto, ahondando en la historia; es un torrente de aguas rápidas y sin remansos, aguas que llevan al lector casi en volandas hasta el final del relato. En cambio, la novela es un río en el que confluyen otros afluentes –tramas complementarias y personajes secundarios- que nos permiten variar el ritmo, movernos con mayor libertad.
En un relato nada sobra, los ornamentos estarían de más. El cuento es una línea ascendente y todos sus elementos colaboran entre sí para formar un crescendo hasta el desenlace, que debe constituir una descarga de energía continua a lo largo del relato. Cuando esa maquinaria funciona, entonces el relato posee una capacidad de “succión” sobre el lector.
Esa captación absoluta de la atención del lector no se puede conseguir a lo largo de doscientas páginas, pero si en cinco, en diez o en quince. Gran parte del éxito del cuento depende de las aptitudes narrativas de cada uno, pero hay también una parte de oficio en el arte de escribir cuentos.

La estructura del cuento
Dos características dan al cuento esa capacidad de imán al lector:

-Unidad

-Intensidad

 La unidad

 “El cuento se caracteriza por la unidad de impresión que produce en el lector; puede ser leído de una sola sentada; cada palabra contribuye al efecto que el escrito previamente se ha propuesto, y ese efecto debe ya prepararse desde la primera fase y graduarse hasta el final; cuando llega a su punto culminante el cuento debe terminar, sólo deben aparecer personajes que sean necesarios para provocar el efecto deseado” Edgar Allan Poe.
En el relato solo cabe una historia. La mirada del lector se centra en unos personajes desde el principio y la tensión gira alrededor de un solo conflicto.
De esa unidad se encarga también el narrador: mantener un mismo tono durante todo el relato ayuda a crear esa atmósfera que solidifica, que une entre sí toda la narración.
La narración corta se desarrolla con una sola voz que todo lo cohesiona en el espacio del relato, en esa atmósfera única, cerrada y redonda.
El ritmo único es también imprescindible para conseguir la unidad.

En palabras de Truman Capote:

“Un cuento puede ser arruinado por un ritmo defectuoso en una oración –especialmente al final- o por un error en la división de los párrafos y hasta en la puntuación”

 La intensidad

La esencia del cuento es la intensidad. En un buen cuento, todo está concentrado; no sólo se han eliminado personajes o tramos laterales, sino también aquello que resulta accesorio.
Se puede decir que lo accesorio en el cuento es todo aquello que no está al servicio de la historia, que no sirve para caracterizar a los personajes o para desarrollar la acción.
Una de las palabras clave que debemos tener en la menta al escribir narraciones cortas es “seleccionar” una palabra con forma de tijeras.
Omitir es otra de las leyes que rigen los buenos relatos: no contarlo todo es una forma de seducción. Pues uno seduce al lector con sugerencias, enseña una parte y guarda otra que el lector reconstruye en su imaginación y, eso también forma parte de la selección.
Omitir no significa oscurecer el cuento, ya que, si mutilamos datos esenciales de la historia, ésta no se entiende. Cuando leemos un buen relato, la trama está clara en nuestra mente: sabemos lo que ha sucedido en ese breve e intenso espacio del cuento y, sin embargo, algunos de esos sucesos no se nos han contado de una forma directa. Eso es debido a que alguno de ellos pertenece a la historia oculta.
Se dice que en el cuento fluyen siempre dos historias:
Una, la anécdota de lo que se nos cuenta.
Dos, la invisible, la cifrada.
El escritor de cuentos teje con dos hilos uno blanco y otro negro. El hilo blanco –la historia 1- suele ser lo cotidiano, la anécdota, los días que se suceden, la historia evidente. El hilo negro –la historia 2- es lo secreto que se teje bajo la superficie que está hilado por esas pequeñas cosas que nos inquietan en medio de lo cotidiano.
La historia que  importa, aquella que quiere referirnos el escritor, la historia 2, se cuenta de forma cifrada entre los intersticios de la historia evidente, de la historia 1.
La tensión en el cuento va in crescendo desde el principio, es una línea ascendente en intensidad, de tal forma que el desenlace debe ser una descarga de energía contenida.
El efecto sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.
En realidad lo que estamos haciendo es crear intriga en el lector.
El escritor tiene en sus manos la información y su estrategia debe consistir por un lado en entregar con parsimonia esa información y por otro crear estímulos, expectativas sobre la misma.
Tejer con dos hilos no es tarea fácil. Cada uno está fabricado de un metal distinto: uno, solido y detallado; otro, sutil e invisible.

A continuación Ricardo Piglia analiza más detalladamente la tesis de las dos historias en el link de su artículo

RECURSOS Y JUEGOS LINGUISTICOS

La metáfora II:

Volvemos a la metáfora, a ese medio de “transportar” las palabras. Hablemos ahora de las relaciones de semejanza, y para ello hay que empezar recordando una de las definiciones de metáfora más comunes.
La metáfora designa un objeto mediante otro que tiene con el primero una relación de semejanza.
La metáfora es la transformación  de dos conceptos en algo nuevo, diferente.
La metáfora no se presta a clasificaciones cerradas a no ser que los mutilemos; asi que hemos escogido solo los casos más usuales de relación de semejanzas.

-Semejanza física entre dos términos
Cabellos de oro
Cabellos rubios= color amarillo
Oro= metal amarillo
El color amarillo establece la relación de semejanza física.

-Semejanza psicológica o espiritual entre dos términos
Es un tiburón de las finanzas

-Semejanza de comportamiento entre dos términos
La vejez es el crepúsculo de la vida
La semejanza se establece entre los dos términos por una similitud de comportamientos.
El crepúsculo es el final del día, y la vejez el final de la vida.

-Afinidad de valor
Marta es una alhaja.

Ejercicio

Buscar una metáfora de cada uno de los tipos de relación.

 LECTURAS RECOMENDADAS

La señora del perrito y otros cuentos (Antonio Chéjov)
Los muertos (del volumen Dublineses) (James Joyce)
El Sur (del volumen Ficciones) (Jorge Luis Borges)
Bestiario (del volumen Bestiario) (Julio Cortázar)

PROPUESTA DE EJERCICIO

Leer el relato del enlace de Roald Dhal “La subida al cielo” subrayar los puntos en los que aparece la historia 2. Analizar las actitudes que adoptan los personajes, las omisiones de las que se ha servido el narrador y los avisos de que “no todo es lo que parece”, o sea, todo lo que nos facilite los datos necesarios para reconstruir, al final, la historia del asesinato.
 

 

viernes, 14 de febrero de 2014

Siento


 
He vuelto a sentirlo
y siento como se afianza,
igual que una gota de aire
luchando por no caerse,
como una página vacía
jugando a ser la primera
o como los renglones inclinados
de un libro que no se vende.
Un beso limpio de intención
mueve las manecillas de un reloj muerto,
una caricia sincera
recoge las ausencias del vivir deprisa.
Ahora he vuelto a sentirlo
y siento como se relaja,
igual que la tierra que llega
después de un mala faena,
como el niño que ve la luz
tras largos momentos de inexistencia
o como las flores alegres saludan al crepúsculo
ahuyentando a los rayos del sol.
Y lo sigo sintiendo
y siento como se intensifica,
igual que una necesidad de olvidar sin hacerlo,
como un volcán a punto de derramar su ira,
o como el ascua que se arrima
y prende un corazón apagado.
El sexo sin prisas
calma las ansias insatisfechas,
palabras susurradas en un buen momento
modifican la trayectoria de lo que pudo ser.
Pero yo lo sigo sintiendo.
 
                                                        

domingo, 9 de febrero de 2014

El estilo. El uso del lenguaje II



 
Cuando la narración está bien desarrollada, uno no nota que el texto está dividido en párrafos; uno no nota nada está metido en la historia y ya está. Con los textos sucede lo mismo que con las catedrales góticas, con su estructura ingrávida, suspendida en el aire: uno no debe percibir su estructura sino deslizarse por ellos. Uno tiene que poder meterse en la historia de tal manera que toda esa arquitectura se vuelva invisible. Entonces el lector ya no ve palabras, ni frases, ni párrafos, ve personas, lugares, acciones, diálogos, vive dentro del relato. El texto parece espontáneamente fluido, navegable; el lector no tiene que hacer esfuerzos por seguir el hilo de la trama sino que se sumerge en ella. Una de las claves para dar vida a nuestro mundo de ficción, para hacerlo vivido es el detalle. El mundo que creemos debe ser “visible” a los ojos del lector, así que el escritor debe recrearlo a través de esos pequeños detalles que forman también el mundo real. En la vida real todo está lleno, plagado de detalles, de pequeñas cosas que perfilan lo que nos rodea. Para conseguir esa ficción vivida, verosímil, debemos construir nuestro mundo definiéndolo bien, particularizándolo, seleccionando esos detalles especiales que caracterizan un espacio, un personaje, una situación...
 
Hay que escribir detallando, concretando nuestro mundo de ficción. Pero no se trata de acumular detalles a la vista del lector como si montáramos un mercadillo repleto de pequeños objetos brillantes de cualquier procedencia; por el contrario, los detalles deben elegirse con cuidado. A menudo se necesita sólo un par de pinceladas para definir, por ejemplo, un personaje.
 
Con los espacios sucede lo mismo: al describir una habitación, por ejemplo, el escritor suele elegir aquellos detalles que definen, al mismo tiempo, al personaje que habita. Otras veces, la descripción  y la selección de esos detalles revelan atisbos del estado de ánimo del que narra, o de sus características psicológicas.
 
Nuestros espacios, nuestros personajes, deben respirar, atravesar el papel para tener la capacidad de sacarnos de la realidad. Esos pequeños y bien elegidos detalles son las piedrecillas blancas que vamos dejando cuidadosamente a lo largo del camino para que el lector nos siga.
 
Además de esos sutiles detalles, para hacer más vividos nuestros relatos también necesitamos mostrar a los personajes en acción.
 
Los adjetivos que definen los comportamientos o los estados de ánimos del personaje son abstractos. Debemos concretar como se encuentra el personaje exactamente. Verle en acción nos ayudará a crear ese “sueño” de veracidad, esa apariencia de realidad que necesitamos al escribir.
 
Mostrar a los personajes en acción apoya la verosimilitud y la plasticidad de la narración.
 
Esta última parte se ha analizado el detalle, a mostrar con hechos concretos los estados anímicos y la personalidad de los personajes; se ha intentado, en definitiva, que el escritor que se inicia huya de la abstracción, de las palabras grandilocuentes que no significan nada, precisamente por la amplitud de su significado: tristeza, felicidad, destino... El escritor novel tiende más a lo abstracto que a lo concreto, a decir que a mostrar; tal vez porque, cuando se empieza a escribir, el texto no está bien definido en la mente, el autor no lo “ve”.
 
Para evitar bloqueos: a la hora de crear, de inventar la historia, lo mejor e dejar volar la imaginación, no preocuparse en exceso de los problemas sintácticos ni de aspectos lingüísticos. Cuando uno tiene la historia ya “hecha”, comienza a verla, a saber qué es exactamente lo que quiere reflejar en ella, y es en ese momento, en el de la corrección, cuando el escritor debe asumir el control del texto, pulirlo, perfeccionarlo, “salir” de él y observarlo con objetividad.
 
Concretar, detallar, mostrar... construir, una narración plástica, vívida; sí, pero ello no quiere decir que no pueda utilizarse exposiciones generales o reflexiones abstractas sobre lo que se está narrando. Si lo concreto, lo pequeño, nos ayuda a reflejar lo abstracto, también a menudo ocurre lo contrario.
 
El escritor debe mantener un equilibrio entre lo general y lo concreto, de tal forma que, a la vez que consigue una narración plástica, sensorial, tampoco renuncie a la reflexión que dé un sentido, que “enfoque”, a lo que está contando. Definir ese equilibrio es difícil; pues, como ya se ha dicho otras veces, cada escritor es un mundo y asumirá ese equilibrio de una forma diferente. Debemos tenerlo en cuenta cuando leamos, fijándonos en qué medida combinan lo concreto y lo abstracto aquellos textos que más nos gusten. Entender el entramado de los maestros nos ayudará a la hora de elaborar nuestros escritos.
 
En cada frase hay que crear una expectativa que anuncie la frase siguiente y se resuelva en ella. Luis Landero
 
La raíz de todo el asunto se encuentra en el hecho de que, cuando un escritor es joven, siente de alguna manera que va a decir algo más bien tonto y obvio o un lugar común, y entonces trata de esconderlo bajo ornamentos barrocos, bajo palabras de escritores del siglo XVII; o si trata de ser moderno, hace lo contrario: inventa palabras continuamente o hace alusión a aeroplanos, a trenes, al teléfono o al telégrafo, puesto que se esfuerza para parecer moderno. Después, a medida que pasa el tiempo, uno siente que las ideas, buenas o malas, se deben expresar, simplemente, porque si se tiene una hay que intentar introducir esa idea o ese estado de ánimo en la cabeza del lector. Jorge Luis Borges.

RECURSOS Y JUEGOS LINGÜÍSTICOS

La metáfora:

La metáfora, como la comparación, asocia dos términos que presentan una relación de analogía: uno es real, el otro imaginario; pero la metáfora suprime la comparación directa, el “como”, el intermediario y recurre a la alegoría.
 
La metáfora no es simplemente una comparación a la que se le ha suprimido el término gramatical de relación; la metáfora va mucho más allá.
 
Nuestras emociones son abstractas, imprecisas, reacias a tomar forma en la mente. La sensibilidad del lector añadirá a esa aleación entre dos términos todo lo que su sensibilidad, sus recuerdos y su percepción le permitan: la metáfora es una puerta abierta a la evocación del lector.
 
La metáfora nace para luchar contra las fronteras del lenguaje, para subsanar nuestra incapacidad lingüística a la hora de nombrar lo abstracto.
 
Así que podemos decir que la metáfora es el medio de transporte de las palabras, que sirve para cruzar las fronteras de lo inexpresable y que, por tanto, es un mecanismo que nos permite expandir el territorio de lo comunicable.

Ejercicio
En un taller de escritura un grupo de niños escribió las siguiente metáforas a una serie de palabras.
El carnaval
Una bicicleta sin manubrio de todos los colores
La lluvia
El susto de los gatos
La verdad
Un reloj dando las doce en punto
La mentira
Un saco con los bolsillos rotos
La muerte.
Una cosa sin puertas
La abuela
Un árbol perdiendo las hojas.
La selva
Un león alegre
Al igual que hicieron esos niños, dejar volar la imaginación e inventar metáforas con las siguientes palabras:
-El mar
-La tristeza
-La alegría
-La noche
-La luna
-El inverno
-La tormenta

LECTURAS RECOMENDADAS

LA PROSA ( Enrique Anderson Imbert)
POETICA (Aristóteles)
EJERCICIOS DE ESTILO (Raymond Queneau)
ESCRITORES ANTE EL ESPEJO (Anthony Percival)

PROPUESTA DE EJERCICIO

Describir a una persona de su entorno: no sólo cómo es física y psicológicamente, sino a través de sus gestos (su forma de mover la cabeza, de mirar, de hablar, etc.) Una vez hecha esa descripción, subraye los detalles del personaje que le parezcan más importantes, aquellos que mejor lo definen y caracterizan. Luego reescribir la descripción en un sólo párrafo, utilizando únicamente los detalles que ha escogido.
Haga lo mismo con una parte de su casa (dormitorio, salón...): descríbala detalladamente, y después elegir  sólo los rasgos que, a su entender, son los que mejor reflejan y personalizan ese espacio. Reescribirlo, como en el ejercicio anterior, en un sólo párrafo.


domingo, 26 de enero de 2014

Como escribir un libro y publicarlo. Sonia Belloto. Parte final

LOS CINCO PERSONAJES DEL PROCESO DE LA ESCRITURA

El buscador de preciosidades:
El primer personaje que actúa es el buscador de preciosidades. Un buscador no fabrica joyas, busca en la naturaleza piedras preciosas en bruto. Cuando interpretamos el papel del buscador, nuestra única función consiste en recoger material en bruto para ser usado en la producción de textos.
Llevar siempre bolígrafo y papel para anotar cualquier idea que nos llame la atención.
El estratega:
Es el segundo personaje. Se encarga de escoger las mejores ideas que el buscador le ha facilitado. Es el que se encarga de crear la estructura del texto. Crea la sinopsis de la historia y determinará como será la división de los capítulos y lo que cada uno contará.
El escritor:
Tras la planificación, el siguiente personaje que hay que encarnar es el escritor. Este empieza estudiando la estructura aportada por el estratega y se lanza al trabajo, a poner el texto sobre el papel. Cuando sea el  momento de escribir, escribe. Vierte las ideas sobre el papel. Da igual donde, ordenador, cuaderno, servilletas de papel en un bar. Lo importante es producir material. Mantén en acción al escritor hasta llenar con textos toda la estructura creada por el estratega.
El asistente editorial:
Su función consiste en analizar el texto producido por el escritor y llevar a cabo las mejoras que puedan hacerlo más eficaz. El asistente editorial revisa, reorganiza y tiene libertad para introducir alteraciones con el fin de que el texto resulte mejor. Cuando te conviertes en el asistente editorial, lee el texto con los ojos del lector. Verificar si el argumento se presenta de forma clara, si el texto tiene ritmo y si está escrito de forma cautivadora.
Cuando el asistente editorial termina su trabajo, el texto está listo. Los personajes anteriores no deber tomar acceso al texto. Si dejas que esto ocurra el buscador sugerirá nuevas ideas, el estratega intentará incorporarlas en la estructura y el escritor deseará escribirlos. De este modo, se tendrá que acudir otra vez al asistente editorial para que finalice el nuevo texto y el proceso se perpetuará en un círculo vicioso. Por lo tanto, intenta que cada personaje actúe una sola y única vez.
El divulgador:
De nada sirve crear un texto encantador  si nadie se entera de que existe. Hay que publicarlo. Los responsables de la publicación de los textos son las editoriales, Aún así es muy difícil que una editorial acepte textos de un escritor principiante. Prefieren trabajar con escritores consagrados. ¿Cuál es la solución? Encarnar al divulgador y trabajar para que el texto sea conocido por el público hasta conseguir despertar el interés de las grandes editoriales.
Si quieres escribir artículos en publicaciones periódicas ponte en contacto con los periódicos y las revistas locales y envíales tus trabajos con regularidad. Si has escrito un libro busca una editorial que haga impresión a pedido y encarga una tirada pequeña; Llama a tus parientes, conocidos, amigos, etc y realiza una presentación del libro. Sé perseverante y paciente.

CREAR TEXTOS EFICACES
 

Los escritores del siglo XVIII y XIX podían permitirse el lujo de describir el vestido con el que la protagonista iba al baile en tres o cuatro páginas y los lectores principalmente las lectoras, degustaban el texto entre suspiros.
Pero los tiempos han cambiado. Tras la aparición del cine y la televisión cambio el ritmo de las historias. Las grandes descripciones fueron sustituidas por escenas de acción.
Además de las películas, también los periódicos y revistas han influido bastante en el cambio de nuestro ritmo de lectura. Las noticias tienen que ser ágiles y atrayentes. Otro responsable de la consolidación  de un estilo de texto más dinámico es el lenguaje publicitario. El texto publicitario no puede contener excesos ni redundancias y tiene que ser eficaz en el más alto grado.

Todo esto no quiere decir que debas obligatoriamente escribir textos rápidos, llenos de acción y basados en el estilo periodístico o publicitario. A pesar de que no existen reglas, vamos a plantear algunos recursos que puedan aplicarse para hacer el texto más interesante. Escoge las frases cortas: Normalmente la gente tiene poco tiempo para leer y desea saber de inmediato que información contiene el texto. Al cerebro le resulta más difícil procesar las frases más largas.
Al crear un texto en caso de que tengas dudas sobre el uso de una palabra o expresión, lo mejor es que lo descartes y utilices otra que domines.
Deja que el lector cree su propia imagen.
A nadie le gustan los textos pomposos y recargados. Aporta solamente los datos esenciales y deja que la mente del lector se encargue del resto. Recuerda que los adjetivos portan consigo un juicio y no siempre coincide con las expectativas del lector.
Escoge los sustantivos y verbos más específicos, los que mejor indiquen la imagen que quieres transmitir. Si tienes la sensación de que necesitas abusar de los adjetivos y adverbios para producir un efecto determinado no te reprimas, sigue adelante. Lo importante es cautivar al lector desde el principio hasta el final y cuando termine la lectura que este se siente satisfecho.
 

ILUSTRACIONES PARA ADULTOS

A los niños les encantan los libros ilustrados porque los dibujos estimulan todavía más su imaginación. A veces cuando estamos leyendo y vemos una ilustración, la imagen incluso llega a decepcionarnos. A los adultos también los libros ilustrados, pero, al contrario de los niños les gustan las ilustraciones escritas. Las formas más eficaces son las analogías, las metáforas y los ejemplos. Algunos escritores utilizan metáforas en sus textos. Si se utiliza bien el estilo metafórico resulta extremadamente poderoso.
La analogía compara ideas, la metáfora remite a otra idea con una estructura semejante y el ejemplo confirma la idea.

DE DONDE SURGEN LAS IDEAS PARA ESCRIBIR

La materia prima de los grandes textos fue, es y será siempre la emoción.
El amor, el dolor, la pérdida, el hastío, la ira, la culpa, la soledad, el miedo a la muerte o cualquier otro trema que nos perturbe son ingredientes excepcionales para un texto de éxito.
Las ideas para escribir pueden proceder de diversas fuentes: un sueño, una historia que nos cuenta un amigo, una conversación que oímos en un bar, una inspiración repentina, recuerdos de la infancia, etc.
Escribir es como tocar el piano, el primer paso consiste en hacer unos ejercicios en el teclado para adquirir agilidad en los dedos. A continuación se toman las partituras de grandes compositores y se entrena su ejecución. Se comienza a crear composiciones propias únicamente después de haber superado estas dos etapas.
Inspirarse en el texto de otro escritor puede parecer un tanto ilícito a primera vista, pero no lo es. Fíjate en que o estás hablando de plagio, sino de basarse en un trabajo que ya se ha comprobado que funciona. Plagiar es presentar el texto de otra persona como si fuese propio. Hay una diferencia enorme entre las dos cosas.

PERSONAJES Y DIÁLOGOS
 
En la creación de historias la habilidad del autor para construir buenos diálogos entre las personas resulta vital. Una de las formas más eficientes de caracterizar a los personajes es a través de los diálogos. Por otro lado, con ellos se pueden mostrar las emociones y reacciones que ocurren en la acción. Pero es preciso planificarlos y saber utilizarlos. A veces un texto repleto de diálogos puede volver la historia muy superficial.

Adecuación:
El arte del escritor consiste en crear una escena convincente en la mente del lector a través del lenguaje de los personajes. Al construir las escenas, fíjate en que el diálogo debe adecuarse al recorrido de la acción. Debe respetar las características del momento, del tema y de los personajes.
Observar día a día como conversan las personas y cuales son los niveles de diálogo constituye un buen entrenamiento.
Definir minuciosamente las características físicas, psicológicas y socioculturales de tus personajes es la base para la creación de buenos diálogos.
Una forma de poner a prueba su eficacia consiste en leerlos en voz alta. Al hablar notamos si el diálogo suena real o no.
Exposición clara:
El diálogo es la reproducción escrita de una conversación y para que el lector la comprenda esta tiene que ser clara. No obstante, si uno de los personajes es problemático y sus ideas son confusas, deberás construir el acto de habla de acuerdo con su personalidad. Si se da el caso contrario evita las formas rebuscadas, distorsionadas o complejas.
Marcación del diálogo:
El texto necesita tener referencias claras que indiquen al lector que se está llevando a cabo un diálogo y quién es el personaje que habla.
Algunos escritores prefieren marcarles con comillas:
“Aquí hace mucho calor, voy a salir al jardín”
El guión es la forma más utilizada por muchos escritores y en mi opinión la de mejor legibilidad:
-Aquí hace mucho calor, voy a salir al jardín.
Otro recurso utilizado en la composición de los diálogos son los llamados “verba dicendi.”
Además de ayudar en la marcación del personaje que interviene pueden servir para hacer explícito el tipo de entonación del acto de habla.
-¿De dónde se ha sacado usted la idea de que las mujeres son superiores? –pregunté.
Hay infinidad de verbos que pueden usarse como recursos de expresividad. Algunos de ellos son: dijo, replicó, gritó, murmuró, discrepó, justificó, reflexionó, explicó, confesó, recomendó, invitó, sugirió. Procura no escribir diálogos muy largos para que no se conviertan en monólogos.
Cuando tu personaje necesite extenderse en una intervención, lo mejor es que inicies otra. En este caso puedes recurrir a un cambio de acción para introducir un corte en el acto de habla.
Focalización:
En el desarrollo de una historia podemos establecer la focalización desde la primera o la tercera persona. Cuando el propio personaje es quien cuenta la historia, esta esté narrada en primera persona. Cuando quien narra la historia es alguien que no forma parte de la acción, está narrada en tercera persona.
La gran diferencia entre ambas consiste en que en tercera persona el narrador puede revelar al lector el pensamiento de cualquiera de los personajes. Puedo anticipara acciones que acontecerán en la historia en el futuro; en cambio la narración en primera persona dificulta estas posibilidades.
 
CONSEJOS PARA CREAR DIÁLOGOS

Una técnica sencilla para dar realismo a las escenas, pero que muchas veces se olvida es hacer que los personajes hagan comentarios pertinentes sobre el ambiente en el que se desarrolla la escena
Conflictos:
Otro punto que hay que tener en cuenta es no crear diálogos en los que los personajes siempre estén de acuerdo. Para que la escena resulte interesante es preciso que se cree un conflicto.
Orientaciones finales:
Diseña los personajes sabiéndolo todo sobre ellos. Puedes hacer una lista de sus cualidades físicas y psicológicas y de sus características sociales y culturales. Enamórate de tus personajes, aunque para algunos tengas que crear conflictos terribles. Haz que los lectores se enamoren de ellos.

LAS HISTORIAS Y EL VIAJE DEL HÉROE

Hemos visto que existen cinco etapas para la producción de un texto eficaz y que cada una puede estar representada por un personaje: buscador, estratega, escritor, crítico y divulgador. Cuando nos lanzamos a escribir textos que parecen fluir de nuestros bolígrafos por arte de magia, el que controla la situación es el escritor, las historias que se crean bajo este procedimiento no están planificadas. El estratega tiene que planificar la historia antes de dejar que el escritor comience a escribirla. ¿Cuál es el secreto de planificar una historia de éxito?
Una buena historia es aquella que proporciona la sensación de una experiencia completa y satisfactoria y que, al terminarlo, sentimos que hemos aprendido algo nuevo sobre la vida o sobre nosotros mismos.
Durante mucho tiempo los escritores intentaron averiguar que diferencia una historia mediocre de una obra maestra. La conclusión es que no existen historias poco interesantes; lo que existen son formas, poco interesantes de contar una historia. El secreto está en como se cuenta. Uno de los trabajos más influyentes en cuanto a la estructura de las historias en un libro titulado “El héroe de las mil caras” de Joseph Campbell.
Lo que Campbell descubrió es que todas las historias poseen una estructura común.
El primer factor común en todas las historias es la presencia de un héroe.
Lo que Campbell demostró es que no importa quién sea el héroe, sino el hecho de que todas las historias cuentan con uno, un personaje, individual o colectivo, en torno al cual se desarrolla la historia.
El segundo aspecto presente en todas las historias es el hecho de que este héroe se enfrente a una situación poco común diferente a su rutina habitual. El tercer aspecto se refiere al regreso del héroe. Después de experimentar una situación poco común vuelve a su mundo pero ya no es el mismo, la experiencia lo ha cambiado.
Pero, Campbell fue mucho más allá de la estructura de las tres etapas. De hecho identificó doce etapas que componen el núcleo de funcionamiento de las historias.
Tampoco es necesario que estén presentes las doce etapas para que la historia sea buena. Vamos a analizar las doce etapas del modelo Campbell.
1.-Mundo Cotidiano:
El héroe es presentado en su rutina diaria.
2.- Llamada a la aventura:
Sucede algo fuera de lo normal. Se rompe la rutina del héroe. Debe hacerse algo.
3.- Rechazo a la llamada:
El héroe se resiste a tener que adoptar una actitud. Al fin y al cabo es mucho mejor dejar las cosas como están. Piensa que si se deja pasar el tiempo todo se resolverá.
4.- Encuentro con el mentor:
Puede interpretarse literalmente como el encuentro del héroe con alguien con más experiencia que le orienta o como una situación metafórica en la que el héroe supera su temor a actuar.
5.- Cruce del umbral:
El héroe forzado o espontáneamente sale de la rutina y entra en un nudo de situaciones especiales.
6.- Pruebas, aliados y enemigos:
Transcurre la mayor parte de la historia. En el mundo especial el héroe pasará por pruebas, encontrará aliados y tendrá que enfrentarse a enemigos.
7.- El héroe se aproxima al objetivo principal de su viaje, el nivel de tensión aumenta.
8.- Prueba suprema:
Es el momento en el que el héroe se enfrenta a su mayor desafío. Cuanto mayor es el riesgo, mayor resulta la emoción para el lector. En muchas historias, la prueba suprema consiste en una situación en la que el héroe se enfrenta a su propia muerte.
9.- Conquista de la recompensa:
Pasada la prueba suprema el héroe consigue la recompensa.
10.- Camino de regreso:
El  héroe inicia el camino de regreso al mundo cotidiano. La aventura terminó y la vida tiene que volver a su rutina diaria. Esta etapa es muy corta en la mayoría de las historias.
11.- Depurificación:
En esta etapa quizá el héroe tenga que enfrentarse a una segunda situación incierta en la historia.
12.- Regreso transformado:
Es el fin de la historia. El héroe se encuentra de vuelta en el mundo cotidiano, pero ya no es el mismo.

PLANIFICACIÓN DEL LIBRO

¿Qué es lo primero que te llama la atención cuando entras en una librería?
De repente una cubierta atrae tu mirada. Te detienes un poco más y descubres que el libro tiene un título seductor. No lo resistes, extiendes el brazo y coges un ejemplar. Sientes la textura de la cubierta. Resulta agradable al tacto. Lees el nombre del autor. Nunca has oído hablar de él. Seguidamente das la vuelta al libro para leer lo que está escrito en la contracubierta. La solución es leer lo que está en la solapa interior. Al abrir el libro, ya buscas una indicación del precio.
En la primera solapa ya lees una sinopsis  muy bien escrita. Vas a la solapa posterior  y en ella encuentras información bastante interesante sobre el autor. Como acto final hojeas aleatoriamente el libro para observar el tamaño de la letra y la calidad del papel y de la impresión. El papel es levemente amarillento, ideal para que no se produzca mucho contraste y los ojos no se cansen durante la lectura. Concluyes cerrando el libro y sujetándolo en la mano para soltarlo en la caja en el momento de pagar.
Con esto podemos darnos cuenta de la importancia de la planificación de la cubierta. Así como una cubierta bien ideada nos basta para transformar un libro mediocre en un betseller, una mala cubierta puede perjudicar mucho el rendimiento de un libro. Una portada bien ideada consigue que las personas que no conocen el libro quieran comprarlo.
Además de una buena historia no te olvides de la cubierta, el título, los textos de la contracubierta y las solapas, la extensión de los capítulos, la letra de buena legibilidad, el tipo de papel y el precio.

ESCUELAS DE ESCRITURA

La historia de que algunas personas nacen con un don para la escritura y eso les basta para tener éxito como escritoras es pura fantasía. Cuando muchas personas llevan a cabo la misma actividad, esta claro que algunas destacan.
¿Tienes talento para escribir? Nadie lo sabe. El talento sólo se puede medir a partir del resultado. No se puede conocer de antemano. Dedicación y tiempo son dos ingredientes fundamentales del proceso. Aunque existen modelos bastante diferentes de escritura, los cursos suelen dividirse en tres etapas. La primera tiene como objetivo desbloquear el flujo narrativo, lo que se consigue a través de ejercicios que rescatan el placer de escribir. No se marcan expectativas ni se hacen juicios, se respetan el estilo individual y la privacidad. Cuando el profesor propone un ejercicio, el alumno tiene toda la libertad para no leer lo escrito. A pesar de esto, la experiencia demuestra que los alumnos raramente no lo lean, pues leer el texto en clase es una forma de poner a prueba el efecto que provoca en los compañeros. A través de estas experiencias el alumno empieza a aprender a dominar el proceso de escritura para mantener el interés del lector. Además se siente motivado  aprende con los diferentes estilos de los compañeros.
La segunda etapa está orientada a guiar el flujo narrativo hacia la producción de textos eficaces. En esta etapa se consolida el estilo individual y cada alumno descubre como sacar partido de sus puntos fuertes y como reforzar los débiles. También se despierta la conciencia térmica relativa a la escritura y el alumno aprende a reconocer los recursos utilizados por los grandes escritores.
El dominio de estos recursos hace posible la creación de textos altamente eficaces.
La tercera etapa es el desarrollo de los trabajos profesionales.
Escribir es algo que proporciona más placer cuando se comparte con otros escritores. Aunque la escritura en sí sea una actividad solitaria, a los escritores les gusta intercambiar ideas con otros escritores. Algunas escuelas de escritura ofrecen esta posibilidad mediante la organización de encuentros literarios.

LOS BASTIDORES DE LAS EDITORIALES

Las editoriales son empresas que para sobrevivir dependen del estilo de la venta de sus productos. Las editoriales reciben todos los meses decenas de propuestas de libros de nuevos autores. De esta montaña de papel es necesario seleccionar aquellos que suponen menor riesgo comercial. Una vez que se escoge el material de un autor para publicarlo, se dispara todo el proceso para su producción, promoción y comercialización. El original es corregido y maquetado. Se contrata a un diseñador gráfico para que haga la cubierta. Se hacen las pruebas de impresión y se producen los fotolitos, que se envían a la imprenta. Los libros son impresos y entregados en la editorial. Tras recibir los libros la editorial se manda a los comerciales a presentar en libro en las librerías y distribuidoras. Al mismo tiempo el equipo de promoción trabaja para que al libro se le asigne un lugar destacado en los puntos de venta. Finalmente las librerías compran los libros y los colocan ante los lectores. Si los libros no se venden, la editorial pierde credibilidad en las librerías. Este es el principal motivo de  que las editoriales sean cautelosas y exigentes al seleccionar un nuevo libro. Para disminuir el riesgo de accidentes de este tipo las editoriales adoptan ciertas estrategias.
Traducir libros ya publicados que han tenido éxito en otros países. Por eso encontramos tantos autores extranjeros en los estantes de nuestras librerías.
Las editoriales son empresas y los libros son productos. El lanzamiento de un nuevo libro exige el mismo trabajo y genera los mismos riesgos que cualquier otro producto.

LOS ESCRITORES PROFESIONALES

El mercado de los libros se estás profesionalizando muy rápidamente. La producción y la comercialización de los libros llevan creciendo desde que Gutemberg inventó la imprenta. Escribir se ha convertido en una actividad altamente rentable y ya no hay espacio para los aficionados. El sueño de todas las editoriales es el escritor consciente de todo el proceso implicado en la producción de un libro y que sabe que forma parte de un gran equipo; qué además afronta con profesionalidad el trabajo de escribir y, por lo tanto respeta religiosamente los plazos; y que, escribe bien, de modo que cautiva a legiones de lectores.
Si crees en tu trabajo, no dudes en invertir en su publicación. Con las nuevas técnicas de impresión de los costes se reducen año tras año y probablemente tengas que desembolsar menos de lo que imaginas. Cuanto antes esté tu libro en las librerías, antes comenzará tu carrera como escritor. En cuanto tu libro empiece a tener éxito, las grandes editoriales vendrán a buscarte rápidamente.
 
 


domingo, 12 de enero de 2014

Un minuto


 

Sin pausa atravesamos corredores
mi nariz sobrelleva la sobaquera de otros
el aliento de por la mañana de unos
convierte mi sonrisa en algo peor.
Los colores fuertes del arco iris
disfrazan el alma del viajero.
No hay rutas fáciles
ni trayectos cortos
la mañana pinta azul
  y la tarde, la tarde no pinta nada.
Observamos pero no vemos.
Cabezas apuntando a un mismo objetivo
fundas metálicas cubriendo el motor de la escucha.
Culos poco trabajados
descansan sobre asientos plastificados de años.
El que ronca no ve
el que ve, hace que ronca
y el viejo, el viejo se queda de pie.
Al roce de su piel febril
vuelvo la mirada nerviosa y la encuentro,
deficiencia o trastorno
tal vez mujer, tal vez niña enferma,
tal vez mañana, tal vez hoy.
Un minuto separa una vida de otra tal vez mejor.
Intermitencias naranjas dañan las pupilas
sonidos huecos de alguna sirena poco agraciada
alumbran el fin de un camino
que busco y no encuentro.
Ahora no se escucha roncar
las cabezas apuntan a un mismo destino
las fundas metálicas se destapan ante el lamento
y en los asientos plastificados de años
descansa un talle corto,
sólo queda a la vista de todos
su mano apagada.
Aún sigue caliente.