Hace nueve años, un día como el de ayer, soleado y con riesgo de tormentas, fue cuando le conocí, ya habíamos hablado y nos habíamos reído, pero no nos habíamos besado, hasta ese día, día de San Nicolás, gran día que mantengo en mi memoria, quizá para siempre, quizá no, no lo sé. Recuerdo su pelo oscuro y alborotado, sus ojos marrones, su graciosa naricilla, sus labios, suaves y jugosos, el tacto de sus manos, su aroma, su forma de bailar, de reírse, de amar. Su inteligencia, sus historias, maravillosas historias con las que siempre se aprende algo, sus despistes, la forma de atarse los cordones de los zapatos, etc... hubiese terminado antes contando lo que no recuerdo de él, pero no puede ser porque lo recuerdo todo y todo es bueno. Añoro a aquel caballero, el destino lo puso como prueba de vida en mi camino, pero desapareció. Ya solo me quedan los recuerdos y son muchos. Me he pasado gran parte de mi tiempo buscándole, me encontraba con su olor en cualquier parte, en el metro, en el ...